Lista de lecturas recomendadas para los seguidores del tradicionalismo pagano

Por Askr Svarte

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

La lista que vamos a dar a continuación ha sido hecha especialmente para los seguidores del Odinismo, pero la hemos ampliado hasta que pueda ser aplicada a todas las religiones paganas, es por eso que gran parte de ella se compone de literatura académica, histórica, lingüística y tradicionalista que pueden interesar a muchos otros.

Esta lista no es dogmática y sin duda no agota todos los aspectos de los temas que pretende abordar. Antes que nada, busca que aquellos que deseen aproximarse a lo sagrado, la metafísica, la Tradición y el Paganismo tengan algunas pistas de cómo hacerlo. Lo demás depende del adepto que desee emprender semejante viaje…

Textos Sagrados:

  • Edda Mayor
  • Edda Menor
  • Sagas y canciones de los héroes
  • Cantar de los Nibelungos
  • Folclor y Crónicas históricas

(Las diferentes tradiciones paganas pueden estudiar los diferentes Textos Sagrados de sus respectivos pueblos)

Escritos de Askr Svarte

  • Polemos. El tradicionalismo pagano. El amanecer del paganismo, Tomo I, Veligor, 2016.
  • Polemos. Tradicionalismo pagano. Perspectivas del Paganismo, Tomo II, Veligor, 2016.
  • El encanto del abismo. La vía de la mano izquierda dentro del odinismo, Veligor, 2017.
  • La identidad pagana en el siglo XXI, Veligor, 2020.
  • El cerco y el círculo. Ensayos sobre el logos germánico, la tradición y la nada, Gnosis, YASK, 2020.
  • Tradición y Shock Futuro. Imágenes de un futuro que no es el nuestro, Ediciones Svarte, 2021.
  • El Manual del Odinismo, Veligor, 2021.
  • El satori negro, editorial Svarte, 2021.
  • Curso de videoconferencias «El hombre y lo sagrado».

Literatura histórica y académica

Los alemanes antiguos. Historia de las guerras germano-latinas descritas por los historiadores de la antigüedad, Lomonosov, 2015.

Anales y crónicas alemanas de los siglos X-XI, Fundación Rusa de Educación y Ciencia, 2012.

Rowo Rekwaz (Hadeken) El cuervo blanco (colección de conjuros y cantos en pregermánicos).

Georges Bataille, La parte maldita. Sociología de lo Sacro, Ladomir, 2006.

N. Boudour, La vida cotidiana de los vikingos en los siglos IX-XI.

A. Vasilchenko, El Stonehenge del Tercer Reich, Veche, 2010. (Análisis de todos los mitos en torno a este monumento).

H. Gerber, Mitos de la Europa del Norte, Tsentrpoligraf, 2006.

J. Grimm, La mitología alemana, 3 vols, JASK, 2019.

A.Y. Gurevich, Trabajos selectos. Los antiguos alemanes. Los Vikingos, Editorial de la Universidad de San Petersburgo, 2007.

A. Ya. Gurevich, La Edda y las Sagas, Nauka, 1979.

Georges Dumezil, Los dioses supremos de los indoeuropeos, Nauka, 1986.

S. N. Zenkin, Lo sagrado no divino, Universidad Estatal de Humanidades de Rusia, 2012.

A. Zygmont, La oscuridad de lo sagrado, OVNI, 2018.

C. Cleary, La llamada de los dioses, Totenburg, 2017.

                  – ¿Qué es una runa?, Totenburg, 2018.

E. Cohn, How Forests Think: Toward an Anthropology Beyond the Human, Ad Marginem, 2018.

Y. K. Kuzmenko, Los alemanes y los pueblos vecinos. Lingüística, arqueología y genética, 2011.

N. Pennik, Magia práctica en las tradiciones del norte, Magisterium Plus, 2011.

A. Platov, Meginshjól. Cuaderno gris, 2014.

  • Las Runas Armánicas. Guido von List y el Futhark de Arman: hechos y comentarios, 2017.
  • Astrología nórdica, 2014.
  • El arte rúnico: la práctica, 2012.
  • Símbolos sacros de los nórdicos, 2012.

M. Steblin-Kamensky, El mundo de las Sagas. Sus orígenes literarios, Nauka, 1984.

                         – Mito, Nauka, 1976.

T.V. Toporova, Lenguaje y estilo de las antiguas sagas germánicas, Editorial URSS, 1996.

E. Thorsson, El vellocino verde, Ex Nord Lux, 2011.

                     – El vellocino rojo, Ex Nord Lux, 2011.

                     – El vellocino azul, Ex Nord Lux, 2011.

                     – El vellocino negro, Ex Nord Lux, 2011.

V. Cherkasov, Dioses y leyendas de Prusia Oriental, IOI, 2019.

M. Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas, tres volúmenes, Proyecto Académico, 2009.

                     – Ritos y símbolos, La nación, 1996.

                     – El mito, Invest-PPP, 1995.

                     – Lo sagrado y lo profano, MSU, 1994.

                     – El chamanismo y las técnicas arcaicas de éxtasis, Proyecto Académico, 2014.

Libros en ingles

Die Gotterlieder der Alteren Edda, Philipp Reclam, 2015.

Stefanie von Schnurbein, Norse revival: transformations of Germanic neopaganism, Boston, 2016.

Old Norse religion in long-term perspectives. Origins, changes, and interactions, materials of international conference in Lund, 2004.

Joseph Harris, Speak Useful Words or Say Nothing. Old Norse Studies, Cornell University Library Ithaca, 2008.

M. Findell, Runes, The Trustees of British Museum, 2014.

Stephen E. Flowers, Revival of Germanic Religion in Contemporary Anglo-American Culture, University of Texas.

J. L. Markussen, The Anatomy of Viking Art. A Quick Guide to the Styles of Norse Animal Ornament, 2016.

S. McNallen, Asatru. A Native European Spirituality, Runestone, 2015.

Anders Nilsson, Wotans Väg, Logik Förlag, 2020.

N. Pennick, P. Jones, A History of Pagan Europe, Routledge, 1995.

E. H. Roderick, The road to Hel. A Study of the Conception of the Dead in Old Norse Literature, Greenwood press, 1968.

Lingüística y lenguas

Orðabok Haskolans, Islensk Orðsifjasbok, Asgeir Blöndal Magnusson, 2008.

N. F. Alefirenko, Teoría del lenguaje. Curso de introducción, Academia, 2007.

S. Y. Borodai, Lenguaje y cognición. Introducción al posrelativismo, Sadra, 2020.

S. Sabinin. Gramática de la lengua islandesa, 1849.

S. А. Starostin, Lingüística histórico-comparada, Academia, 2005.

Diccionarios etimológicos y léxicos de la lengua protoindoeuropea de Starostin, Pokorny, Kobler, etc.

F. G. Jünger, Lenguaje y pensamiento, Nauka, 2005.

N. V. Isaeva, La palabra que crea el mundo. Del Vedanta a los cantos shivaistas de Cachemira, Ladomir, 1996.

M. Heidegger, Poetas y poesía, Aquarius, 2017.

Tradicionalismo

J. Evola, Imperialismo Pagano, Svarte Publishing, 2013.

             – Rebelión contra el mundo moderno, Prometeo, 2016.

             – El hombre y las ruinas AST, 2007.

             – Cabalgar el Tigre, Lviv, 2008.

             – Metafísica del sexo, Belovodie, 2012.

R. Guénon, La crisis del mundo moderno, Arktogeia, 1993.

F. G. Jünger, Los mitos griegos, V. Dal, 2006.

E. Jünger, La emboscadura, Ad Marginem, 2020.

A. de Benoit, ¿Cómo ser pagano?, Velesova Sloboda, 2013.

M. Sadgwick, Against the Modern World: Traditionalism and the Secret Intellectual History of the Twentieth Century, UFO, 2014.

A. Dugin, La filosofía del tradicionalismo, Arktogeia, 2002.

              – Postfilosofía, Proyecto Académico, 2010.

              – El sujeto radical y su doble, Movimiento Euroasiático, 2009.

A. Kumaraswamy, Oriente y Occidente, Belovodya, 2018.

K. P. Linkola, ¿Puede prevalecer la vida?, Totenburg, 2021.

Platón, Obras completas.

E. Golovin, Obras completas.

M. Heidegger, El origen de la obra de arte, Proyecto Académico, 2008.

                         – ¿Qué es Metafísica?, YASK, 2014.

S. Zhigalkin, Sobre el más allá. Una apología del eterno retorno, JASK, 2019.

M. Eckhart, El desprendimiento.

Sitios en internet

http://www.askrsvarte.org – Portal internacional sobre el tradicionalismo pagano y el odinismo.

http://www.norroen.info – El mayor portal ruso sobre la tradición y la cultura escandinavas.

http://www.ulfdalir.ru – Portal sobre la época vikinga y la arqueología.

http://www.islenska.ulver.com – Materiales para aprender islandés.

http://www.proto-indo-european.ru – Diccionarios de vocabulario protoindoeuropeo de Starostin, Pokorny, Kobler, etc.

La tecnología es el enemigo por excelencia de los seres humanos

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Los redes sociales o tecnologías controladas por Google, Twitter, YouTube, Facebook, Instagram, etc., se oponen a Rusia no porque dependan del gobierno de Estados Unidos. De hecho, son completamente independientes de él y podemos decir que se trata de herramientas al servicio del globalismo o de una oligarquía supranacional que nadie ha elegido. Por supuesto, nadie tampoco les ha dado el derecho a dominar sobre el resto del mundo.

Resulta interesante que estas redes sociales o medios de comunicación también se opongan a los presidentes de los Estados Unidos que no sean de su agrado, usando todo su poder para luchar contra ellos: ¡Eso fue lo que sucedió con Donald Trump cuando fue presidente! Su cuenta de Twitter fue cerrada porque a alguien no le gustaba lo que decía. No obstante, podemos preguntarnos: ¿a quién no le gustaba el discurso de Trump?

Ahora mismo las redes sociales se han retirado de Rusia: nuestro país está siendo castigado por el globalismo. Sin embargo, esta lucha no se reduce a las redes sociales: recordemos que Internet fue diseñado y creado por el Pentágono. Estados Unidos es el país que controla y domina estas tecnologías en nombre del resto del mundo. Lo mismo sucede con el sistema de pagos SWIFT, el dólar y toda la infraestructura económica mundial de carácter especulativo o financiero. Claro, es en estos momentos cuando se hace evidente que han creado un mundo dominado por su tecnología y sus reglas económicas.

Todo el que acepte estas reglas inmediatamente se convierte en su rehén. Lo mismo podemos decir de Microsoft y a Apple, o tecnologías como el Iphone, que están en manos de una oligarquía globalista que se oculta tras la fachada de Estados, sociedades, gobiernos y corporaciones impersonales. Es el dominio del Gran Capital: no se las puede aceptar y creer que se es libre al mismo tiempo. Nuestra única opción es que Rusia se desconecte por completo de Occidente. Ahora mismo Rusia esta dejando de lado su esclavitud con tal de crear su propia alternativa estratégica.

La tecnología no es neutral al igual que el mercado no se basa en el emprendimiento y la libre competencia. Todo eso es un mito: tanto el mercado como la tecnología tienen un mismo amo y en el momento en que las cosas empiezan a tomar una dirección que no le gusta a quienes lo dominan, se cambian las reglas porque ellos tienen el poder para hacerlo. Es más, la tecnología, por su misma esencia, lleva toda clase de venenos: materialismo, explotación, violencia y, en última instancia, vicios. Su objetivo es sustituir al ser, la realidad, el trabajo, la vida, los sentimientos, la moral y el amor por un simulacro.

Podríamos decir que la tecnología es alienación que, tarde o temprano, sustituye lo real por lo virtual, creando un mundo de desinformación, simulacros, ilusiones electrónicas y control de la conciencia de los seres humanos. La tecnología es el enemigo por excelencia de la humanidad y Rusia está padeciendo en estos momentos por ello.

Por supuesto, no existe una tecnología sin dueño. Spengler sostenía que cuando una cultura muere termina por convertirse en civilización tecnológica. Hoy somos testigos de lo que quiso decir: en Occidente ha muerto la cultura y la tecnología se ha salido de control. Es por esa razón que Occidente le ha declarado la guerra a todos aquellos que todavía tienen una relación real con el ser. Muchos rusos han caído en la trampa de la tecnología y creen que es imposible existir sin ella: son víctimas de la guerra psicológica lanzada por la civilización tecnológica occidental. No obstante, resulta imposible rechazar por ahora totalmente la tecnología y sus sistemas operativos, pues quedaríamos totalmente indefensos ante nuestros enloquecidos enemigos. Nuestra única alternativa es desarrollar tecnologías, redes y otros sistemas que se adapten a nuestra propia particularidad histórica. Debemos crear una tecnología que no aliene y destruya, sino nos ayude a renacer y transformar. Eso implica que de ahora en adelante la tecnología tenga una dimensión espiritual.

Rusia tendrá que superar una prueba muy difícil. Cada hora que pasamos luchando en Ucrania es una prueba de que estamos enfrentándonos al globalismo y a la oligarquía mundial. Si queremos triunfar, debemos llevar a cabo un cambio drástico en la realidad. Ha llegado la hora de implementar estructuras, mecanismos y promover una nueva forma de personalidad que nos permita un despertar como pueblo. Rusia se ha preparado para superar esta difícil prueba a lo largo de los siglos de su trágica, pero hermosa, historia. Ahora las máscaras se han caído y Rusia se enfrenta al mal absoluto. Hemos salido de la Matrix, nos han desconectado: caminamos tambaleantes porque no nos hemos acostumbrado todavía a vivir fuera de ella. Los amos de la tecnología creen que moriremos ya que no contamos con sus artilugios, pero nosotros somos ahora un pueblo libre y podremos empezar a ejercer nuestra libertad.

De los errores de Putin a los aciertos de Huntington

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

El filósofo, politólogo y geopolítico Alexander Dugin ha concedido una entrevista al canal de televisión ruso Tsargrad donde dice que la operación especial de Rusia en Ucrania hace parte de una lucha mucho más grande contra Occidente. Esta operación no se limita solo a la desmilitarización y desnazificación de Ucrania o a la protección de los rusos que viven en el Donbass. Se trata de un acontecimiento importante para la historia rusa y del mundo, pues se juego el destino de la humanidad en ella.

Tsargrad: Alexander Guélievich, ¿cuáles cree que son los objetivos de la Operación militar especial en Ucrania, la cual ha sido lanzado usando letra Z (1) del antiguo alfabeto eslavo?

– Creo que los objetivos de esta operación ya han sido expuestos por el presidente de Rusia. No obstante, cuando miramos lo que está sucediendo a una escala mucho más amplia, vemos que se trata de algo mucho más importante. Si retrocedemos al pasado, hace 33 años existía un mundo bipolar donde solo existían dos bandos enfrentados: la URSS – que tenía sus propios valores, ética, ideas sobre el derecho internacional, política interior y exterior – y Occidente. En ese entonces existía un cierto equilibrio entre ellos y los diferentes países en todo el mundo podían elegir a cuál adherirse.

El colapso de la URRS dejó claro que solo existía un único polo que dominaba sobre el mundo y es así como se impuso la unipolaridad estadounidense con todas sus reglas y leyes que de ahora en adelante eran consideradas como universales. El futurólogo estadounidense Francis Fukuyama proclamó que había llegado el “fin de la historia” y que el orden mundial liberal, es decir, los valores del sistema capitalista occidental, debían ser aceptados por toda la humanidad. China había aceptado el libre mercado, mientras que Rusia se había rendido tanto política como económicamente a Occidente.

No obstante, para consolidar esta victoria, la OTAN continuó avanzando hacia el Este y absorbió a todos los países de Europa Oriental que se habían deshecho de la influencia soviética y de su rígido control sobre sus sistemas políticos. El colapso de la URSS fue la primera etapa del proceso de deconstrucción de Eurasia, la segunda etapa fue la adhesión de los Estados postsoviéticos a la OTAN, y la tercera etapa fue el intentó de impulsar movimientos separatistas dentro de Rusia con tal de aplastarnos y convertirnos en ladrillos con los cuales construir una única civilización mundial.

Sin embargo, el filósofo y politólogo estadounidense Samuel Huntington rebatió las tesis de Francis Fukuyama y dijo que ahora que las ideologías se habían desvanecido, en este caso el comunismo, el enfrentamiento entre las civilizaciones volvería a iniciar. Creo que estamos entrando en el mundo del que hablaba Huntington y ahora las civilizaciones han vuelto a renacer. La operación militar especial en Ucrania no es más que la reafirmación de la civilización ortodoxa rusa. Los globalistas quieren impedir su renacimiento y por eso intentar “destruir” nuestra economía.

– ¿Considera que los rusos solo recientemente han comenzado a ser una molestia para el globalismo?

– No. Vladimir Putin paso 22 años fortaleciendo nuestro país. Putin consideraba que era necesario que nos fortaleciéramos y acabáramos con el proceso de desintegración de nuestro país después de la caída de la URSS. Todo lo que hemos hecho hasta ahora nos ha preparado para esta operación especial que inició el 22 de febrero del 2022 porque consideramos que nuestra soberanía se veía amenazada. Por supuesto, no era algo que deseaba hacer el gobierno ruso, sino un intento de repeler la amenaza que pesaba sobre nosotros y que nos impediría seguir existiendo. Sin embargo, dentro de Rusia existen personas que no creen que seamos una civilización y consideran que la defensa de la soberanía, un sistema de valores particular y nuestra propia estructura política no son más que abstracciones que carecen de fundamento frente a las comodidades ofrecidas por el liberalismo.

– Entonces, ¿cree que estamos viviendo un renacimiento de la civilización rusa?

– Sí, creo que lo estamos presenciando y nos hemos dado cuenta que Huntington tenía toda la razón. Por supuesto, Fukuyama tampoco ha desaparecido y hace poco escribió un artículo titulado “La guerra de Putin contra el orden liberal”. Biden lo ha retomado y ha dicho que Estados Unidos construirá un Nuevo Orden Mundial dominado por ellos. Esto significa que la confrontación entre la unipolaridad y la multipolaridad se ha intensificado, es decir, es una lucha entre el globalismo liberal que proclama el Fin de la Historia y Rusia como civilización independiente que quiere pone de nuevo en marcha la historia.

Además, China también ha proclamado que es una civilización independiente tanto de Occidente como de Rusia. Claro, China se pone del lado de Rusia porque no quiere ser un lacayo al servicio de Occidente. Xi Jinping le respondió a Biden, cuando este le sugirió que traicionara a Putin por unas cuantas monedas, que no lo haría y que el mundo ya no es unipolar.

– La India parece que ha tomado una posición muy parecida…

– Sí, la India, que tiene muchos conflictos con China, también se ha dado cuenta de que es una civilización: tanto Xi Jinping como Putin afirman que sus países son civilizaciones independientes, entonces ¿por qué la India, que cuenta con casi dos mil millones de habitantes, miles de años de historia y una cultura sofisticada no puede ser catalogada como una civilización? Pienso que América Latina será el próximo actor en convertirse en un polo soberano.

– ¿Y dónde queda Europa en todo esto?

– Europa también será un polo del mundo multipolar, pero ahora se encuentra totalmente dominada por la histeria y el pánico globalista. Cuando Rusia gane la guerra, creo que los europeos se darán cuenta de que existen otras civilizaciones y dejaran de ser vasallos del mundo anglosajón. Es por eso que estamos luchando ahora: no estamos en guerra con Ucrania, ni siquiera con la OTAN, sino que estamos en guerra con la unipolaridad. Quizás suene paradójico, pero creo que Estados Unidos también se beneficiará de nuestra victoria. Por supuesto, estoy hablando del Estados Unidos profundo compuesto por granjeros, obreros y empresarios representados por Trump. Ellos han sido expulsados de las redes sociales y se han visto obligados a crear las suyas, es decir, han creado su propio internet. Creo que la civilización norteamericana es otra víctima de la globalización.

– ¿Por qué nos ha tomado tanto tiempo recuperarnos mientras nuestro propio país era destruido? ¿Por qué hemos esperado hasta ahora?

– Es una pregunta muy difícil y complicada de responder. En 1989, cuando todavía estábamos bajo el gobierno de Gorbachov – diez años antes de que Putin llegará al poder – escribí en uno de mis primeros artículos que Rusia era una civilización independiente y no debíamos permitir que desapareciera. En ese momento también hablé sobre la partición de Ucrania, el regreso de Crimea y el futuro enfrentamiento que tendríamos con Occidente.

Podría decirse que toda mi vida ha sido una especie de “Operación Z”. Mi pensamiento siempre ha girado alrededor de Rusia, nuestro espíritu y nuestras raíces; intento que la tierra rusa hable a través de mí. No se trata de rencillas personales, todos los que atacan mis tesis (fuera de quienes no las comprenden) niegan que Rusia sea es una civilización autónoma y que el pueblo ruso juegue un papel relevante en la historia mundial. Nuestro pueblo – compuesto por zares, patriarcas, santos, campesinos y guerreros – siempre ha pensado de esa manera. Sin embargo, tomamos una dirección equivocada desde la década de 1980 y a partir de 1990 dimos un giro de 180 grados hacia la perdición. En el momento en que llegó Putin al poder fuimos capaces de rectificarnos 90 grados, pero nos hace falta la otra mitad. Nos quedamos congelados en este “punto”, pero el 22 de febrero del 2022 por fin decidimos dejar de lado el legado de 1991.

Creo que Putin quiso, durante mucho tiempo, hacer una síntesis de dos cosas por completo opuestas: defender la soberanía de Rusia, lo cual siempre ha hecho, aceptando el liberalismo y el globalismo occidental. Por supuesto, no fue el primer gobernante de Rusia que intento hacerlo, también Catalina la Grande lo intentó hasta que estalló la Revolución Francesa y ni hablar de Alejandro II y sus reformas liberales.

– ¿Considera que eso fue un error?

– Sí, lo fue. Pero no es un error exclusivo de Putin: muchos gobernantes rusos han cometido el error de usar lo que aprenden en Occidente para supuestamente fortalecer a Rusia, pero cada vez que hacemos eso terminamos por desviarnos del camino y nuestros enemigos se aprovechan de nosotros. Lo mismo pasó con Ucrania, le “dimos la espalda” y nos desentendimos de lo que se estaba “gestando” allí mientras nuestros enemigos avanzaban introduciendo toda clase de reformas e ideas como el nacionalismo de corte nazi con tal de darle “forma” al Estado-nación ucraniano, el cual ni siquiera contaba con las condiciones necesarias para ello, pues existían dos pueblos en su interior. Luego, le dieron al nazismo una mascará liberal. Utilizaron toda clase de técnicas y otros artilugios con tal de cambiar esa sociedad y ahora estamos lidiando con las consecuencias de todo ello usando nuestras armas. Fue así como también le dieron nacimiento a ISIS y Al-Qaeda (organizaciones terroristas prohibidas en Rusia). Mientras ellos hacían eso, nosotros perdíamos el tiempo intentando comprender como usar las tecnologías y herramientas de Occidente para enfrentarnos  ellos.

– Pero China ha conseguido usar las tecnologías occidentales para hacerse más fuerte…

– Sí, ellos han tenido éxito. Pero han pasado 40 años desde las reformas de Deng Xiaoping y ahora Estados Unidos ha descubierto que China se hizo muy fuerte usando lo que aprendió de Occidente. China descartó todo lo que destruía su soberanía, poder o sistema político. En cambio, nosotros lo absorbimos todo. Dejamos que el liberalismo entrará en nuestra casa y este nos enveneno. Ahora estamos enfrentando el “momento de la verdad”: algunos han huido, otros han quedado confundidos, otros han desaparecido y algunos más han muerto. Hemos estado luchando durante 30 años para que la situación cambie y ahora por fin eso está ocurriendo. Lo diré de nuevo: aceptar el liberalismo fue un error y apenas ahora estamos deshaciéndonos de sus secuelas.

Sabes, creo que la pregunta que hiciste antes sobre Putin fue bastante capciosa. ¡Ya no necesitamos seguir dudando de Putin porque por fin, después de aplazarlo mucho y cometer varios errores, ha comenzado a hacer lo que tenía que hacer! Lo único que necesitamos ahora es consolidar esta victoria, para ello debemos apoyar a Putin. En circunstancias tan excepcionales como estas, es necesario respaldar a las autoridades y de ese modo nuestro gobierno tendrá éxito. Pienso que es innecesario sacar a relucir el pasado o preguntarnos por qué Chubais ha huido y por qué Eco Moscú apenas fue cerrada hace poco. La lista puede ser interminable…

– ¿Cuál piensa que es la razón detrás de la histeria antirrusa de Occidente, que al parecer no se reduce simplemente al anti-putinismo sino que incluso toma la forma de una rusofobia bastante primitiva?

– Creo que se trata de una guerra de civilizaciones. Muchos europeos no comprenden el significado detrás de la operación militar rusa en Ucrania. No obstante, algunas luminarias se han dado cuenta de lo que está pasando y denuncian que el liberalismo se ha convertido en un sistema totalitario que amenaza al mundo occidental. Este totalitarismo se expresa en la persecución contra todo el que niegue el «matrimonio homosexual» o el derecho a que los niños “cambien de sexo”. Se ha prohibido incluso el derecho a pensar que esto es algo mal y si lo dices en voz alta te enviaran a la cárcel. Lo mismo se aplica a todo aquel que defienda a Rusia y a los rusos. En el momento en que abres la boca te comienzan a perseguir. Se podría decir que, como sucedía en la Alemania nazi, nos hemos convertido en “judíos eslavos” perseguidos. Todo lo que está mal en este mundo es culpa de los rusos.

Y este panorama se complica si tenemos en cuenta que estamos luchando contra nuestro pueblo hermano de Ucrania. Por supuesto, los que han llevado al poder a los nazis en Ucrania han decidido actuar también, inundando ese país con armas con tal de que nosotros masacremos hasta el último de ellos. La demonización de los rusos conlleva la negación de nuestra naturaleza humana y el paso a una guerra sin cuartel. Es una guerra que están dispuestos a librar hasta el final. Se trata de una guerra entre civilizaciones que puede convertirse en una guerra nuclear.

– ¿Qué sucederá cuando ganemos?

– Pienso que será posible crear una alternativa al globalismo: el mundo multipolar. No será necesario unificar a la humanidad por medio de una ideología liberal, homosexual, transexual y feminista. Tampoco será necesario que nuestro pensamiento sea sustituido por la inteligencia artificial representada por los iPhones y los auriculares que tocan una misma música y que pasan los mismos imbéciles videos de Tiktok en todas partes del mundo. Pienso que será posible crear un mundo donde la gente se vista según sus tradiciones y cocine su propia comida en lugar de comer las hamburguesas de McDonald’s. Será un mundo donde la gente no esté navegando todo el tiempo en las redes sociales o viendo programas estúpidos y repetitivos en la televisión. Quizás de esa manera surjan personas que creen aviones en las tradiciones de sus pueblos, aren la tierra según sus costumbres, críen cerdos o inventen cosas siguiendo las reglas de sus antepasados o compongan música y pinten obras de arte de acuerdo al espíritu de su pueblo. Algunos piensan que todo eso nos llevará a la Edad de Piedra, pero considero que sucederá lo contrario. Todo será diferente y podremos por fin hacer a un lado la civilización tecnológica alrededor de la cual gira todo hoy en día.

– ¿Podría decirnos qué necesita el pueblo ruso hoy para enfrentar este desafío?

– Creo que fortaleza, y sobre todo fortaleza espiritual. Hemos hecho a un lado esta palabra y ahora de lo único que hablamos es de la economía, la eficacia, las encuestas o las empresas. Pero nosotros estamos librando una batalla espiritual, porque toda civilización tiene un aspecto inmaterial.

Por supuesto, Occidente también es dominado por un espíritu, pero el suyo es completamente negro. ¿Por qué razón los hombres de las embajadas occidentales se ponen ropa de mujer y caminan por ahí vestidos de esa manera? ¿Qué quieren lograr con eso? La mayoría de ellos son gente cuerda que tienen ideas muy normales sobre las cosas, pero son dominados por un espíritu nefasto: se ven obligados a afirmar que no existe diferencia entre los hombres y las mujeres o de lo contrario perderán sus puestos.

Por otro lado, ellos nos niegan la posibilidad de ser nosotros mismos y nos dicen que su espíritu no lo permite. Nos dicen que nos hemos rendido y puesto de rodillas antes, que la historia acabó en 1991 y que esto es un hecho indiscutible. Cuando decimos “no”, ellos consideran eso una herejía y nos atacan.

El liberalismo occidental, en su estado más puro, no ha podido arraigar en Rusia como si lo ha hecho en Ucrania. Es por eso que ahora promueven una ideología ajena y radical contraria al espíritu ruso: el nazismo u otras clases de extremismo social y religioso. De ese modo, nuestro país caerá al suelo y se haría pedazos, entonces ellos cogerán un cuchillo y nos cortaran en pedazos. Sin embargo, hemos resistido.

Nuestra prioridad es obtener la victoria en esta operación militar especial, pues esa victoria será una victoria del espíritu ruso y de todos aquellos que nos apoyan. Incluso aquellos que luchan contra nosotros hoy terminaran por darnos la razón en el futuro.

Notas del Traductor:

1. los rusos han llamado a la operación militar especial en Ucrania “Operación Z”, que hace referencia a la palabra защита (defensa).

Crítica al nacionalismo desde la Cuarta Teoría Política

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

La única teoría que puede justificar nuestra lucha en contra del nazismo ucraniano y el globalismo liberal es la Cuarta Teoría Política

La crítica de la Cuarta Teoría Política al nacionalismo

Muy pocos se han dado cuenta de que la Cuarta Teoría Política, la cual he desarrollado a lo largo de todos estos años, hace una fuerte crítica al nacionalismo. Quizás muchos se sienten atraídos a la Cuarta Teoría Política por su rechazo del liberalismo y el marxismo, pero ella también crítica el nacionalismo y los Estados nacionales.

Además, la Cuarta Teoría Política ataca el racismo, el cual considera como una forma de nacionalismo virulento propio de la civilización occidental, la cual niega la existencia de pueblos y culturas diferentes. La operación militar especial rusa en Ucrania tiene como objetivo desnazificar ese país y nos da la excusa perfecta para volver sobre nuestras críticas al nacionalismo.

La multipolaridad y la existencia de múltiples civilizaciones

La Cuarta Teoría Política parte del hecho de que existen muchas civilizaciones y culturas, por lo que el mundo multipolar es una necesidad histórica y un proyecto que tiene un futuro promisorio. Por otro lado, la civilización occidental actual, y la Modernidad, no son sino una de las múltiples civilizaciones que han existido. Todo ello implica que han existido anteriormente y existirán en un futuro civilizaciones que tienen principios y valores que no tienen nada que ver con las que hoy en día existen.

Entre las civilizaciones no Occidentales podemos contar:

  • La rusa (ortodoxa-euroasiática);
  • La china (cuya unidad política se logró hace mucho tiempo);
  • La islámica (multipolar y multivectorial).
  • La hindú (que no ha conseguido convertirse en un polo);
  • La latinoamericana (la cual apenas se está formando);
  • La africana (que está surgiendo gracias al impulso del panafricanismo).

Además, podemos decir que la civilización occidental se divide en dos partes:

  • Una anglosajona (Estados Unidos, Inglaterra, Australia, Canadá) y
  • Otra europea y continental (de cuño franco-alemán).

La civilización occidental se ha considerado hasta ahora como la única universalmente valida, intentando imponer sus valores y principios al resto de la humanidad. Esta imposición es fruto del racismo (etnocentrismo) como justificación del colonialismo y el neocolonialismo (globalización).

La esencia racista de la civilización occidental: la construcción de la hegemonía y sus agentes de influencia

El racismo occidental se expresa geopolítica y geoestratégicamente en la unipolaridad: Occidente (EE.UU. y la OTAN) dominan al resto de la humanidad por medio de su poder militar, económico, diplomático, informático y cultural (dominio de amplio espectro).

Los individuos y los países se ven obligados a aceptar o rechazar las pretensiones universalistas de Occidente (unipolaridad) de acuerdo a sus propias prerrogativas. Por supuesto, el estar del lado de la multipolaridad o la unipolaridad depende de cada uno. Los rusos, los chinos, los musulmanes, los hindúes, los africanos y los latinoamericanos pueden elegir entre obedecer a la hegemonía occidental o rechazarla y en su lugar reafirmar la identidad de su propia civilización. En esencia, el problema radica en aceptar la hegemonía de Occidente – con su respectivo dominio estratégico y cultural encarnado en la OTAN, realidad que se ve reforzada por nuestra incapacidad de ponernos de acuerdo – o en oponernos a esta hegemonía, a la OTAN y a todos aquellos que la defienden.

La actual operación militar que Rusia ha lanzado sobre Ucrania va dirigida en contra de Occidente y su hegemonía, ya que es nuestro enemigo directo. Esto significa que Rusia –una civilización totalmente diferente a la Occidental y que es una potencia nuclear – ha decidido rechazar la hegemonía y el universalismo occidental. Moscú ha vacilado durante muchos años, pero finalmente ha decidido decirle no a Occidente.

Por supuesto, el Occidente globalista y racista ha decido usar a otros para librar una guerra en nuestra contra: en este caso, el régimen ucraniano apoyado por neonazis.

Este enfrentamiento se enmarca en uno mucho más grande en el que luchan la unipolaridad contra la multipolaridad. Debemos despertar a todas las civilizaciones, ya que esto no se trata de una guerra entre una “única civilización contra los bárbaros” tal y como los medios de propaganda occidental han presentado este conflicto.

Ahora que la guerra (no solo contra Ucrania, sino contra Occidente) ha comenzado, llegó el momento en que opongamos en contra de Occidente nuestras propias particularidades civilizatorias, teorías, ideas, paradigmas, doctrinas, valores y principios. Los valores occidentales deben ser descartados o, como mínimo, relativizados. Esto significa aceptar que los valores occidentales no son nada más que una opinión particular y no representan los ideales de toda la humanidad. Por lo tanto, pueden ser rechazados. No obstante, debemos reemplazarlos por nuestros propios valores.

La hegemonía según la politología

La politología llama hegemonía aquello que los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil rusa suelen denominar “agentes de influencia”. Tanto el liberalismo como el comunismo y el nacionalismo, que estamos analizando ahora, son teorías políticas occidentales. Estas tres ideologías (liberalismo, comunismo, nacionalismo) nacieron en Occidente y, por lo tanto, no son más que una expresión de su historia y su identidad. Por supuesto, estas teorías políticas se difundieron en muchas sociedades y civilizaciones no occidentales debido a un proceso de colonización intelectual, lo que ha llevado a muchos a creer que son teorías universales y pueden ser practicadas por todos los pueblos y países que existen en el mundo. Sin embargo, todas ellas no son más que conceptos y teorías muy particulares que fueron desarrolladas por una única civilización que no es más que una pequeña parte de la humanidad: la civilización occidental moderna. Es por eso que toda sociedad o civilización, a la hora de abordar ideologías como el liberalismo (la teoría política dominante hoy en día y la más peligrosa de todas), el comunismo y el nacionalismo, debe hacerlo con cuidado pues se trata de contenidos tóxicos peligrosos que han sido esparcidos por el imperialismo y la colonización. Es por eso que los defensores del liberalismo, el comunismo y el nacionalismo fuera de la civilización occidental no son más que “agentes de influencia extranjeros” consciente o inconscientemente. Por supuesto, ese no sería el caso si sometieran a crítica estas doctrinas y teorías comparándolas con aquellas que ha desarrollado su propia civilización, pero este es un procedimiento que rara vez se hace y normalmente se pasa por alto.

Defender el liberalismo, el comunismo y el nacionalismo fuera de Occidente es ser un agente de influencia externo: “quinta columna”. La multipolaridad sostiene que existen varias civilizaciones y la Cuarta Teoría Política es precisamente una defensa de las mismas, por lo que es necesario romper con la teoría política occidental y sus tres manifestaciones históricas: 1) el liberalismo, 2) el comunismo y 3) el nacionalismo.

La politología occidental nace del capitalismo

Ahora bien, la politología occidental actual nació de la ruptura de Occidente con su pasado clásico y medieval, especialmente con su rechazo del cristianismo. Es por eso que las tres teorías políticas modernas justificaron en un principio el orden político burgués:

  • El liberalismo defiende el individualismo burgués y esperaba crear una sociedad civil planetaria.
  • El nacionalismo también defiende el individualismo y la creación de una sociedad civil, pero dentro del marco de un Estado-nación.
  • El comunismo consideraba que el capitalismo era una fase inevitable de desarrollo de la historia (tesis profundamente racista y eurocéntrica), pero planteaba la superación del orden burgués (que sería el primer orden mundial por venir) sosteniendo los ideales del progreso y el desarrollo técnico. Además, el comunismo se inspiraba en la ética burguesa de la “destrucción” de la tradición, la religión, la familia, etc., aunque defendiendo un carácter clasista y democrático. Sin embargo, el comunismo triunfó en sociedades no occidentales (tesis que contradecía las ideas de Marx, pues este último consideraba imposible que esto sucediera), las cuales transformaron su profundamente contenido (Rusia, China, etc.). De todas maneras, esto no cambió cualitativamente las ideas comunistas, ya que estas siguieron influidas por las teorías políticas occidentales.

El nacionalismo como una forma de antitradicionalismo

Ahora bien, concentrémonos en nuestra crítica al nacionalismo. El nacionalismo fue antes que nada un fenómeno nacido del capitalismo burgués occidental y surgió con el rechazo del mundo medieval con su unidad religiosa (expresada en la Iglesia Católica), el Imperio y los estamentos sociales. Es por eso que el nacionalismo es antes que nada un sistema artificial igual que otras ideologías occidentales, por lo que no es una alternativa a la Modernidad sino un producto de la misma.

Sin embargo, es cierto que el liberalismo se corresponde mucho mejor con el sistema capitalista y desde un principio ha sido una forma de globalismo, buscando extender las ideas y pautas de comportamiento burgués de todas las formas posibles al resto de la humanidad. Los marxistas comprendieron esto muy bien: el nacionalismo simplemente era una forma intermedia de globalización que destruía las instituciones medievales heredadas de la Edad Media como el catolicismo, el Imperio y los estamentos. El nacionalismo consideraba que el Estado-nación era la única arca de salvación, la cual era piloteada por una oligarquía burguesa. No es coincidencia que el nacionalismo surgiera en primer lugar en los países protestantes, especialmente Holanda e Inglaterra, donde se desarrollaron los ideales burgueses anti-clericales, anti-imperiales y anti-jerárquicos:

  • Rechazo de Roma,
  • Odia a la dinastía de los Habsburgo y
  • Sustitución de la autoridad sacerdotal y el poder aristocrático por la economía controlada por una clase mercantil urbana.

Posteriormente, fueron estos círculos burgueses europeos y antitradicionales – anti-católicos, anti-estamentales y anti-imperiales – los que se convirtieron en los principales defensores del nacionalismo.

Ahora bien, el capitalismo paso por varias etapas: primero fue muy nacionalista, pero pronto se convirtió en una forma de liberalismo globalista. Las teorías económicas liberales aparecieron muy pronto de la mano de Adam Smith, quien describió una forma de capitalismo cuyos contornos no eran otra cosa que la justificación del colonialismo británico.

En la medida en que se iba consolidando el orden burgués el capitalismo se hizo cada vez más liberal y menos nacionalista, aunque no todas las formas de nacionalismo desaparecieron, pues los Estados-nación burgueses siguen existiendo hasta el día de hoy. Los liberales de hoy quieren abolir los Estados nacionales y crear una forma de Gobierno Mundial. No obstante, los poderes capitalistas globales siguen controlando los Estados nacionales y los utilizan a su antojo. Podríamos decir que el nacionalismo es una primera etapa del capitalismo mientras que el liberalismo (globalismo) es su forma más tardía.

El comunismo fue una forma más indirecta de globalización, ya que los comunistas más dogmáticos comporten la idea de la desaparición del Estado-nacional y consideran que es necesario e inevitable que el capitalismo cosmopolita triunfe en todo el mundo. Es por esa razón que los comunistas tienden a solidarizarse con los liberales en su lucha contra los regímenes nacionalistas.

Igualmente, los comunistas esperan que el sistema capitalista triunfe en todo el mundo, convirtiéndose de este modo en un sistema internacional que prepare el terreno para la revolución proletaria mundial. Es aquí donde los comunistas y los liberales difieren, aunque las teorías comunistas son bastante abstractas y han sido refutadas por la historia, empezando por el hecho de que el comunismo no triunfó en los países capitalistas y cosmopolitas, sino en sociedades agrarias donde existían forma de vida casi medievales. Muchos de estas sociedades bascularon hacia una especie de nacional-bolchevismo que los teóricos occidentales del marxismo jamás consideraron como representantes del “socialismo” o el “comunismo”. Por ejemplo, muchos de estos países terminaron por negar varias de las ideas marxistas (la Rusia soviética, China, etc.) e intentaron construir el socialismo en un solo país, mediante una especie de síntesis entre el comunismo y el nacionalismo (aunque ninguno fue capaz de expresar estas ideas de forma teórica). Esto último llevo a una terrible confusión conceptual, pues muchos partidos comunistas se vieron obligados a deformar o justificar por medio de la propaganda semejantes giros ideológicos que contradecían sus propias teorías, lo que causó un oscurecimiento del fenómeno nacional dentro de los regímenes comunistas.

De cualquier manera, el nacionalismo fue un fenómeno burgués y capitalista que surgió en Occidente.

El nacionalismo como comunidad imaginada

El sociólogo estadounidense Benedict Anderson ha descrito de una forma brillante como el nacionalismo es un fenómeno artificial, demostrando de forma convincente que, a diferencia del pueblo o la etnia, la “nación” es un concepto político que fue creado por los ideólogos de la burguesía con tal de alcanzar ciertos objetivos. El nacionalismo surgió como una forma de consolidar la sociedad burguesa después de que esta hubiera rechazara sus identidades religiosas, estamentales e imperiales tradicionales. El libro de Anderson se llama The Imagined Community (La comunidad imaginada) y describe de forma muy acertada la naturaleza ilusoria del nacionalismo, el cual nace de una selección arbitraria y ficticia de las costumbres de los pueblos por parte de intelectuales al servicio de la burguesía.

Benedict Anderson señala que el nacionalismo no nació orgánicamente de las naciones, sino que las creo. Por lo que no es cierto que el nacionalismo apareció primero y luego surgieron los Estados nacionales. Toda nación es un invento creado por los nacionalistas quienes inventan unos orígenes ficticios de sus propias naciones seleccionando un hecho arbitrario que no tiene nada que ver con su historia, luego intentan decir que el Estado burgués actual es el heredero de algún gran imperio con el que tienen poco que ver. Posteriormente, el nacionalismo impone a los diferentes pueblos que existen en su interior un idioma arbitrario (la mayoría de las veces se trata de un dialecto regional que es convertido en un “idioma”), un código cultural y un sistema jurídico– civil – basado sobre el individualismo. Es así como aparece el nacionalismo y sus representantes, quienes se proclaman portadores de una lengua común y descendientes ficticios de un gran imperio (imaginario) que alguna vez existió. El nacionalismo fragmenta y atomiza la sociedad destruyendo las instituciones religiosas, estamentales, imperiales y las comunidades rurales. Con tal de unir a esta masa heterogénea de individuos dispares se recurre a la existencia de un enemigo común, el cual todos estos fragmentos biológicos (partes sin un todo) deben odiar en nombre de una supuesta superioridad racial.

Es interesante que la palabra “ciudadano” provenga de “ciudad”, es decir, la “gente que vive en la ciudad”. Y si a esto le sumamos que la palabra burguesía tiene su origen en burgus, “ciudad” comprendemos que el nacionalismo es un fenómeno urbano, es decir, un lugar donde la gente vive atomizada y fragmentada de una forma muy diferente a como se organizan las comunidades rurales.

Por lo tanto, podemos concluir que el nacionalismo es una teoría que intentó crear una forma de sociedad urbana inorgánica, de allí su fealdad. Toda forma de nacionalismo esta basada en la mentira, el simulacro y la destrucción de las formas de vida genuinas de los pueblos, las culturas y las comunidades.

El racismo funcional

El racismo es la forma por excelencia del nacionalismo y podríamos decir su forma más extrema. Aquellos que son denominados como los miembros fundadores de esta nación imaginaria, muchas veces compuesta por elementos étnicos y culturales muy diferentes (hecho negado sistemáticamente por el racismo y el nacionalismo), son proclamados como los representantes de una “raza superior” (no sabemos por quién, pues la religión es considerada algo del pasado) que tiene el derecho de subyugar a todos los pueblos inferiores.

El racismo, especialmente el de cuño anglosajón, fue una de las principales justificaciones del colonialismo, permitiendo la subyugación y esclavización de continentes enteros en nombre de la “superioridad racial del hombre blanco”. En cambio, en los Imperios antiguos se consideraba que los pueblos conquistados tenían derecho a mantener su propia organización social y no eran esclavizados o considerados como inferiores por razones raciales. El racismo europeo surgió con la Modernidad y fue uno de los principales mitos de la burguesía. La raza es un fenómeno tan fantasioso como la nación. Sin embargo, una de sus principales características es reducir a los seres humanos a caracteres biológicos como si fueran animales o sementales de pura sangre. Sin duda, existen rasgos físicos que diferencian a los pueblos entre sí, pero es absurdo basar las jerarquías sociales y económicas en diferencias biológicas. Los pueblos tienen talentos y culturas diversas que no podemos jerarquizar mediante sistemas arbitrarios o modelos ideales, pero el racismo pretende convertir una cultura particular (con sus distintivos físicos, lenguaje, historia, valores, etc.) en un modelo universal.

En algunos países el racismo sirvió – principalmente en los países anglosajones – como un medio para justificar el colonialismo y la esclavitud de las razas inferiores, mientras que en otros casos – como, por ejemplo, la Alemania nazi – el racismo fue utilizado para consolidar una sociedad burguesa que se estaba desmoronando debido a la destrucción de sus instituciones religiosas, políticas y sociales tradicionales. Por supuesto, el nacionalismo fue incapaz de unir a los principados alemanes occidentales y del sur con la Prusia protestante, creando con ello un “Imperio imaginario” que unificaría a todos los pueblos germanos. Fue por eso que los alemanes tuvieron que recurrir a una especie de ultranacionalismo basado en el racismo biológico inglés, lo que los llevó a sostener teorías absurdas sobre la conquista de los pueblos inferiores: el triunfo de la raza aria (identificada con los alemanes) solo sería posible si los pueblos “infrahumanos” (incluidos pueblos indoeuropeos como los eslavos y gitanos) eran exterminados.

El único objetivo del nacionalismo alemán fue evitar el colapso de la sociedad alemana que en ese entonces se estaba deshaciendo en miles de pedazos.

¿Por qué la Cuarta Teoría Política rechaza el nacionalismo?

La Cuarta Teoría Política rechaza el racismo y todas las formas de nacionalismo precisamente porque considera que son teorías políticas occidentales, burguesas y modernistas de cuño antitradicional. Por lo que intentar operar con concepto y teorías como el nacionalismo para explicar procesos políticos y sociales de sociedades no occidentales, especialmente en aquellas que han conservado muchas de sus instituciones tradicionales, no es otra cosa que una forma de universalismo y colonialismo occidental. Creer que el racismo occidental y su politología pueden explicar todos los procesos sociopolíticos que acontecen en diferentes pueblos y sociedades es un disparate. Es por eso que si aceptamos alguna de las tres teorías políticas occidentales (liberalismo, comunismo y nacionalismo) como explicación de nuestra sociedad solo estamos convirtiéndonos en representantes del colonialismo occidental.

La Cuarta Teoría Política rechaza muchas de las tesis del nacionalismo, especialmente:

  • La destrucción de la sociedad orgánica (holística) en favor de crear una sociedad individualista y atomística según los estándares de la “Modernidad”;
  • La aceptación de que el capitalismo es un estadio inevitable del desarrollo humano;
  • El progreso lineal de la sociedad según los esquemas históricos occidentales entendidos como promoción del individualismo, confort, desarrollo tecnológico, democratización ficticia de la sociedad y fortalecimiento de las oligarquías y monopolios comerciales;
  • Instauración de una forma de ciudadanía individualista copiada de Europa;
  • Laicismo de carácter antirreligioso;
  • Abolición de los estamentos;
  • Destrucción de las comunidades rurales para poder crear “multitudes solitarias” urbanizadas burguesas y proletarias.

La Cuarta Teoría Política considera que todos estos fenómenos solo describen a la sociedad occidental y, por lo tanto, se trata de un caso regional y local. El resto de las civilizaciones no tiene porque seguir este camino – implantación de la modernización, capitalismo, secularismo, industrialización y urbanización – sino que pueden seguir otros derroteros. Ni el capitalismo o el nacionalismo, con sus diversas formas de racismo, tiene porque convertirse en una ley histórica universal.

Resulta interesante que tanto los eslavófilos rusos como sus continuadores siempre rechazaran las ideas políticas que los movimientos de izquierda y derecha querían imponer en Rusia durante el siglo XIX y XX. Los eslavófilos consideraban que Occidente, y especialmente el Occidente moderno, no era más que un caso atípico de sociedad. Estas mismas ideas también eran compartidas por muchos conservadores ortodoxos-monárquicos y por los populistas (narodnik) rusos. Los pensadores eurasiáticos incluso rechazaron estas ideas de forma mucho más tajante aún.

Los principales componentes del nazismo ucraniano

Todas las observaciones que hemos hecho anteriormente nos permiten comprender mejor la razón por la cual la Rusia contemporánea se enfrenta al nacionalismo y al nazismo ucraniano postsoviético, especialmente si tenemos en cuenta que, después del Maidan y en la actual operación militar especial, el nacionalismo ucraniano (en sus formas extremas) se ha convertido en el principal enemigo político e ideológico del mundo ruso.

El nacionalismo ucraniano defiende los mismos falsos elementos del nacionalismo europeo:

  • Apelación a ancestros ficticios (invención de un pueblo “ucraniano ancestral”);
  • Promoción de enemigos raciales (los rusos y el Imperio Ruso);
  • Adoctrinamiento sobre la superioridad racial ucraniana sobre otros pueblos (principalmente los rusos);
  • Imposición de una lengua (vernácula) artificial con fines políticos;
  • Instauración de un orden burgués-oligárquico;
  • Rápida urbanización de la población rural.

Todas estas herramientas tienen un único objetivo: crear una nación inexistente que no cuenta con los requisitos históricos para su aparición. El nacionalismo, y especialmente el racismo, demuestran que la nación burguesa es un mito, mientras que el pueblo y la sociedad tradicional – las identidades orgánicas reales – se desmoronan ante la precaria situación que impone el estatalismo moderno. El proceso de alienación fue tal que era necesario tomar medidas extremas con tal de crear un “Estado independiente”, lo que dio nacimiento al nazismo ucraniano de hoy.

Pero la principal pregunta es la siguiente: ¿por qué Occidente, que se encuentra en una fase de desarrollo muy diferente y donde se intenta abolir los Estados nacionales sustituyéndolos con instituciones globalistas (el liberalismo actual busca destruir todos los restos que quedan del nacionalismo), alimenta el nacionalismo ucraniano? Existen dos respuestas para esta pregunta:

  1. Occidente hace la vista gorda sobre la existencia del nacionalismo ucraniano y se ha aliado con él por su profunda rusofobia, ya que de ese modo evita que Rusia se convierta en un polo independiente que lucharía con la hegemonía occidental, mientras que el nacionalismo ucraniano es considerado como una amenaza de menor rango;
  2. O el nacionalismo ucraniano es considerado por Occidente como una fase evolutiva necesaria que deben atravesar todas las sociedades y que las sociedades occidentales hace tiempo han superado (al menos eso es lo que piensan); por el contrario, Ucrania apenas está entrando en una fase capitalista y oligárquica con tal de crear las estructuras necesarias para construir un Estado-nación, es por esa razón que este nacionalismo virulento y racista es el resultado de la rápida independencia de los ucranianos, dada su falta de experiencia histórica y el potencial que tiene Rusia para convertirse en una alternativa al poder occidental.

Quizás esas sean las razones detrás del apoyo de Occidente a las fuerzas ucranianas que combate en sus propios países. Sabemos muy bien a que ha conducido todo ello: el intento de construir un Estado-nación ucraniano conllevó la separación primero Crimea y el Donbass y luego desató la operación especial rusa. El nazismo no ayudó a resolver esta situación, pero las consecuencias de sus acciones sin duda han sido monstruosas.

La ideología de una nueva Rusia

Por último, es importante que entendamos que Rusia – la cual está luchando por desnazificar Ucrania – está usando el lenguaje de la Cuarta Teoría Política. Moscú ha entrado en confrontación directa con el liberalismo y el globalismo, incluso podríamos decir que el liberalismo occidental y el capitalismo global, amparados por la oligarquía mundial, son el principal enemigo de la civilización, cultura y sociedad rusa. La multipolaridad no se puede construir sobre el liberalismo, es decir, sobre la ideología de nuestros enemigos.

Tampoco podemos decir que la Rusia de hoy tenga algo que ver con el comunismo, aparte de compartir con ella un pasado resiente. El comunismo acabó derrumbándose porque carecía de vitalidad interior. Uno de los graves problemas de la URSS fue que el dogma marxista rechazó de facto la esencia rusa y eurasiática de su sistema: el marxismo jamás comprendió ni aceptó la tradición, religión y el espíritu comunitario del nacional-bolchevismo realmente existente. Esto creó una especie de fisura entre lo que realmente era la URSS y lo que la élite soviética creía que era, causando finalmente su colapso.

Por otro lado, tampoco podemos decir que la Rusia de hoy es una versión nacionalista rusa diferente al nacionalismo ucraniano. Semejante tesis contradeciría la diversidad étnica y cultura de Rusia-Eurasia que tiene un carácter imperial, pero que no acepta una rusificación forzada de sus pueblos y su transformación en un Estado-nación.

En cierta forma podemos decir que ninguna de las tres grandes ideologías políticas de la Modernidad existe en Rusia. De hecho, Rusia no tiene una ideología oficial en estos momentos. No obstante, Rusia se encuentra luchando contra el nacionalismo como ideología y es imposible vencer una ideología usando esa misma ideología, ya que es imposible entender o explicar el por qué estamos combatiendo recurriendo al lenguaje del enemigo.

La única alternativa que nos queda es rechazar a la civilización occidental y volver nuestros ojos hacia nuestras raíces, historia, cosmovisión autóctona y Tradición de la que forman parte todos los eslavos orientales (grandes rusos, ucranianos y bielorrusos). La mejor forma de hacer esto es a través de la Cuarta Teoría Política (así como de sus diversas versiones eslavófilas, eurasianas, tradicionalistas, conservadoras, etc.). Solo esta última puede justificar nuestra lucha contra el globalismo liberal. Carecer de una ideología propia puede conducirnos a un desastre en el futuro.

CÓMO LA IZQUIERDA HA DESCARTADO LO MEJOR DEL MARXISMO

Entrevista a Carlos X. Blanco, autor de “Ensayos Antimaterialistas” (Letras Inquietas, 2021)

Lucio Javier Perona

LJP-¿Por qué un filósofo “marxista” escribe unos “Ensayos Anti-Materialistas”? ¿No es eso una contradicción en los términos?

CXB: En absoluto. La historia de la filosofía nos enseña que Marx fue el discípulo más aventajado y coherente de Hegel. Todo el sistema marxiano es un idealismo. Se enmarca en la mejor y la más elaborada corriente idealista germánica. El “ajuste de cuentas” con el maestro Hegel es propio y normal de todo discípulo que sigue haciendo filosofía y que parte de la herencia recibida para movilizarla ante realidades nuevas, cambiantes. Marx pudo conocer el movimiento obrero en Francia y Bélgica, cuando Alemania aún dormitaba en un capitalismo meramente comercial y una política feudalizante. Es lógico que las premisas hegelianas estallaran ante contextos nuevos. Pero hay más hegelianismo que “materialismo” en Marx. Eso no arroja duda alguna. Feuerbach o los mecanicistas franceses quedan destrozados en el corpus marxiano. No son dialécticos, no tienen nada que ver.

LJP-Al igual que Denis Collin o Diego Fusaro usted opta por hablar de “comunitario” antes que comunista para referirse al pensamiento de Marx. ¿Rechaza usted la tradición revolucionara que se dice “comunista”?

CXB: No la rechazo, pero apenas la identifico ya en el seno de la izquierda activista y del pensamiento crítico. La lucha contra el capital no tiene nada que ver en sí misma con la “memoria democrática”, “ideología de género”, “decrecimiento”, etc. No se puede mezclar todo con todo. No veo mal que se hable de “comunismo” siempre y cuando se fijen los términos. Ya me cansa repetir que no hay por qué identificar ese “ismo” con las dictaduras estalinista o maoísta. Ya aburre repetir, a estas alturas, que los PCs occidentales ya eran socialdemócratas y, en última instancia, keynesianos mucho antes de que cayera El Muro. Creo que también hay que acudir a la historia de la filosofía y observar que la defensa de la polis, la lucha por preservar los valores humanos (siempre comunitarios y organizados políticamente desde que se sale del umbral de la barbarie) es una lucha muy antigua. Ya la conocieron los antiguos griegos, la polis frente a los valores disgregadores del individualismo, frente a la ley del más fuerte y el poder del dinero. Platón y Aristóteles, cada uno a su manera, alzan los diques de contención frente al individualismo depredador y relativista que ya esbozaron los sofistas. Lo han hecho para siglos. Su obra explica a Hegel y a Marx. Detrás de la sofística hay un terrible ariete demoledor de la vida comunitaria y, por ende, humana. Detrás de todo sofista está el caos.

LJP-El título de su obra remite al libro clásico de Gustavo Bueno, “Ensayos Materialistas” (1972). ¿Está escrita como réplica a Bueno?

CXB: No, no. Eso sería mucho decir. La obra que usted cita es muy compleja y laberíntica. Es imposible replicar un texto deliberadamente sofisticado, barroco y, a veces, profundo. En efecto, muchos de mis ensayos son de ontología, tratan sobre la “realidad”. Pero mi visión de la ontología es diferente a la de mi antiguo maestro Bueno. La realidad no es “materia”. Por más que Bueno haya querido “dialectizar” la materia, huir de la mera fisicidad o corporeidad de la misma, a la larga, no lo ha conseguido. Ya en mi tesis doctoral, analizando los problemas gnoseológicos de la Psicología y las Ciencias Cognitivas, me di cuenta, desde finales de los años 80, que el Sujeto del llamado “materialismo filosófico” es un burdo operador, casi mecánico, un ente fantasmal que no es capaz de acción, sino tan sólo de ejecución mecánica de operaciones de separar y unir. Esto empobrece a Marx y no hace honor a toda su rica teoría de la acción. Bueno no fue un marxista consecuente, únicamente un admirador del imperio soviético (mientras éste tuvo prestigio en la izquierda) y un jacobino. Y eso es lo que se sigue percibiendo en sus discípulos de distintas generaciones: aunque ahora aplaudan a Vox y se enamoren de las tesis de Marcelo Gullo, la gran mayoría de ellos son nostálgicos de aquel imperio rojo y enamorados del jacobinismo. Ahora podrán cambiar el rojo por otros colores, pero siguen con las mismas nostalgias jacobinistas. Aquello que no pueden sacar de Marx, lo sacan de Spinoza, su “santón ateo”, incurriendo en clara deformación de un filósofo hispano-hebreo muy místico y muy poco “materialista” según intérpretes autorizados.

LJP-¿Qué opinión le merece la deriva “hispanista” de esta Escuela de Oviedo o “materialismo asturiano”?

CXB: Bien, en términos muy generales yo simpatizo con la defensa de la Hispanidad y en la crítica de la Leyenda Negra. A mí, los extranjeros o los separatistas no me han podido convencer nunca de esa Leyenda. Tampoco puedo comprar el producto de la Leyenda Rosa. Ciertamente el Imperio Español pudo haber sido el “katehon” (por emplear un término teológico) ante la disgregación que el capitalismo protestante y anglosajón, y también el francés y neerlandés, traían consigo al mundo. Pudo existir un Orden universal distinto, que generalizara los valores de la filosofía griega, el derecho romano y el concepto germano-cristiano de la persona. Pero a ese Imperio Hispánico le salieron enemigos por todos los sitios. La Hispanidad, más que una nostalgia y un “sueño imperial” debería reactivarse en clave geopolítica. Eso es lo que suele escasear en la izquierda española (por no hablar ya de los “buenistas” que ven enemigos de la Unidad de España por todas partes, incluso en el bable ven una bomba al servicio de los separatistas): visión geopolítica. Un polo “hispanista” en el cono sur de las Américas, que se extendiera a todo el continente de habla luso-española y a la península ibérica, podría ejercer un gran papel de contrapeso a los polos que hoy rigen el mundo: el anglosajón declinante, el chino emergente, el ruso euroasiático, el árabe, etc.

LJP-Hispanidad pero no centralismo.

CXB: Exacto. La izquierda española no ha reflexionado de manera sincera y rigurosa sobre nuevas posibilidades  federalistas o confederales que no resten el papel fuerte de un estado soberano esto es, fuerte en materia de educación, sanidad, defensa y orden público, además de fuerte en las grandes líneas de planificación económica del Estado. Sólo así dejaremos de ser un juguete de la Unión Europea, verdadero monstruo que, a su vez, es juguete del globalismo. 

LJP-Entonces las lenguas no castellanas de España no deben ser vistas como peligros, ni como residuos de los tiempos prepolíticos, como dicen los seguidores de Bueno.

CXB: Al contrario, son riqueza y son gloria para su hermana, la lengua castellana. Este debate debe ser superado. No se puede tomar en serio a una gente que te habla de socialismo o de Hispanidad y al mismo tiempo te dicen que el bable o el eusquera eran idiomas de hombres peludos que se subían a los árboles como los monos y que se alimentaban de castañas. Yo, con gente así , que gastan discursos tales, no hablo. Podríamos ser como Suiza, un país confederado pero bien unido, multi-lingüe y con civismo (dejo de lado su Banca, deleznable). Pero esto es lo que tenemos: una España que muestra estos niveles culturales tan lamentables.

LJP-Su libro es una ontología al servicio del anti-capitalismo ¿algo así?

CXB: Lo expresa usted muy bien. Se trata de recuperar la metafísica clásica y reorganizar a los pueblos para que recuperen su polis, su comunidad organizada. La democracia popular se construye por medio de la reflexión y la acción, sin frontera entre ambas. El capitalismo hoy es feroz, imperialista y orwelliano. Debemos tener prestas las armas de la crítica. 

LJP-Gracias por sus respuestas.

http://www.letrasinquietas.com/ensayos-antimaterialistas/

La guerra de Putin contra el orden liberal

Por Francis Fukuyama

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

La terrible invasión que Rusia ha lanzado sobre Ucrania este 24 de febrero ha sido considerada como un punto de inflexión en la historia mundial. Muchos han dicho que ella marca el fin de la posguerra fría y que estamos viendo el retroceso de la «Europa unida y libre» que creíamos que había surgido de 1991 o incluso la liquidación del Fin de la Historia.

Ivan Krastev, un muy sagaz observador del otro lado del Elba, escribió hace poco en el New York Times que “ahora todos vivimos en el mundo de Vladimir Putin”, un mundo en el que la fuerza pisotea el estado de derecho y los principios democráticos.

No hay duda de que la invasión rusa tiene implicaciones que van mucho más allá de Ucrania. Putin ha dejado claro que quiere reunificar la mayor parte de la antigua Unión Soviética, reincorporando Ucrania a Rusia y creando una esfera de influencia que se extienda a través de la mayor parte de los países de Europa Oriental, los cuales se unieron a la OTAN desde la década de 1990.

Aunque todavía es demasiado pronto para saber cómo terminará esta guerra, resulta claro que Putin será incapaz de alcanzar sus objetivos. Rusia esperaba una victoria rápida y fácil creyendo que los ucranianos lo recibirían como su libertador. Por el contrario, esta invasión ha sacudido el avispero y los ucranianos de todas las tendencias políticas han mostrado una tenacidad y una unidad nacional sin precedentes. Incluso si Putin toma Kiev y depone al presidente Volodymyr Zelensky no podrá someter a una nación de más de 40 millones de personas usando solamente su poder militar. Además, deberá enfrentar al mundo democrático y la alianza de la OTAN que ahora está unida como nunca antes imponiendo fuertes sanciones económicas.

Por otro lado, la actual crisis que estamos atravesando demuestra que no podemos dar por sentado la existencia del orden liberal y que debemos luchar constantemente por mantenerlo o de lo contrario desaparecerá cuando menos lo esperemos.

Los problemas que hoy enfrentan las sociedades liberales no empezaron ni tampoco terminaran con Putin. Seguiremos enfrentando grandes retos en el futuro incluso si la invasión rusa de Ucrania fracasa. El liberalismo está siendo atacado tanto por la derecha como por la izquierda desde hace un buen tiempo y no es gratuito que Freedom House, en su encuesta del 2022, señale que la libertad ha ido retrocediendo en los últimos 16 años a nivel global no solo por el ascenso de potencias autoritarias como Rusia y China, sino también por el crecimiento de los movimientos populistas, el antiliberalismo y el nacionalismo que ahora surge en viejas democracias como los Estados Unidos y la India.

¿Qué es el liberalismo?

El liberalismo es una doctrina que apareció por primera vez en el siglo XVII y que pretendía controlar la violencia por medio de la política. El liberalismo reconoce que las personas no siempre estarán de acuerdo en cosas importantes – como la religión –, pero es necesario toleren estas ideas.

La igualdad de derechos y la dignidad de las personas es respetada mediante un Estado de Derecho y un gobierno constitucional que controle y equilibre los poderes públicos. Entre estos derechos se encuentra el derecho a la propiedad y a realizar intercambios libremente, razón por la cual el liberalismo clásico produjo un rápido crecimiento económico y a un aumento de la prosperidad a nivel mundial. Además, el liberalismo clásico era defensor de las ciencias naturales, pues creía que el estudio de la naturaleza nos ayudaría a entenderla y manipularla para nuestro propio beneficio.

No obstante, hoy muchas de estas ideas se encuentran bajo ataque. El populismo conservador ataca la diversidad y la apertura cultural que existe en las sociedades liberales queriendo volver a un mundo donde cada sociedad profese la misma religión y sus miembros pertenezcan a la misma etnia. La India liberal de Gandhi y Nehru se ha convertido en un Estado hindú intolerante dirigido por Narendra Modi, primer ministro de la India; mientras tanto, el nacionalismo blanco es defendido abiertamente por algunos sectores republicanos dentro de los Estados Unidos. El populismo también rechaza las leyes y normas impuestas por las constituciones: Donald Trump rechazó el resultado de las elecciones del 2020 y una turba violenta intentó anular la victoria de Biden atacando el Capitolio. Muchos republicanos, en lugar de condenar estas prácticas, se han puesto de parte de Trump.

Además, la izquierda ha atacado la tolerancia y la libertad de expresión que existe dentro de las sociedades liberales. El progresismo considera que la política liberal, llena de debates y consensos, es demasiado lenta y ha fracasado a la hora de luchar contra las desigualdades económicas y raciales producidas por la globalización. El progresismo se ha visto tentado a limitar la libertad de expresión y las deliberaciones publicas en nombre de la justicia social.

Por otro lado, tanto la derecha como la izquierda antiliberal desconfían cada vez más de la ciencia y la experiencia. La izquierda ha abrazado las teorías estructuralistas que surgieron en el siglo XX y que dieron nacimiento al posmodernismo y la teoría crítica contemporánea, todas las cuales cuestionan el papel de la ciencia. El pensador francés Michel Foucault sostenía que élites utilizaban el lenguaje de la ciencia para enmascarar la opresión de grupos marginados como los homosexuales, los enfermos mentales o los reos. Esta desconfianza hacia la ciencia también se manifiesta en la extrema derecha, donde los conservadores cada vez desconfían más y más de las vacunas, las autoridades sanitarias y los conocimientos tecnológicos.

Mientras tanto, la tecnología también ha contribuido a socavar la confianza en la ciencia. Internet fue en un principio elogiado como un medio libre que permitía eludir a los poderes estatales, editoriales y los medios de comunicación tradicionales, pero este nuevo medio resultó tener grandes desventajas, ya que actores malignos como Rusia y conspiracionistas como QAnon utilizaron este medio para difundir toda clase de desinformación y discursos de odio. Estas tendencias se vieron favorecidas por el hecho de que las grandes plataformas de Internet deseaban una proliferación de la información sin importarles que esta fuera fiable.

¿Por qué el liberalismo evolucionó hasta convertirse en algo tan antiliberal?

Pero, ¿cómo fue que llegamos a este punto? Después del fin de la Segunda Guerra Mundial, existió un creciente consenso en torno a que el liberalismo y el orden mundial liberal debían ser implantados en todas partes. El crecimiento económico y la erradicación de la pobreza en varios países fue el resultado de la apertura económica. El actual surgimiento de China se debe a que esta ha decidido aceptar las reglas de juego del liberalismo tanto en su política interna como externa.

No obstante, el liberalismo clásico fue interpretado de formas que terminaron llevándolo a su autodestrucción. La derecha de las décadas de 1980 y 1990 interpretó el liberalismo económico según las premisas del “neoliberalismo”. Los liberales siempre han defendido el libre mercado, pero la influencia de economistas como Milton Friedman y la “Escuela de Chicago” llevaron a la divinización del mismo y la demonización del Estado, que de ahora en adelante era visto como un enemigo del crecimiento económico y la libertad individual. Las democracias avanzadas, hechizadas por el neoliberalismo, comenzaron a recortar las leyes dirigidas a mantener el bienestar y la regulación económica, aconsejando a los países en desarrollo que hicieran lo mismo, algo que quedó plasmado en el “Consenso de Washington”. Los recortes al gasto social y los sectores estatales eliminaron todos los mecanismos de protección que evitaban que los individuos terminaran siendo juguetes del mercado y esto aumento las desigualdades económicas en las últimas dos generaciones.

Si bien algunos de los recortes estaban justificados, estas ideas fueron llevadas hasta el extremo y todo ello condujo a la desregulación del mercado financiero estadounidense durante las décadas de 1980 y 1990, lo cual desestabilizó y provocó crisis financieras como el colapso de las hipotecas de alto riesgo en el 2008. El culto a la eficiencia condujo a la externalización de los puestos de trabajo y a la destrucción de la clase obrera en los países ricos, permitiendo el auge del populismo desde el año 2010.

La derecha defendía la total libertad económica y llevó esta idea hasta el límite. La izquierda, por el contrario, defendía el individualismo y la autonomía, incluso a costa de las normas sociales y la cohesión de las comunidades. Esta visión socavó la existencia de las autoridades naturales en muchas culturas tradicionales e instituciones religiosas. Al mismo tiempo, la teoría crítica comenzó a decir que el liberalismo era una ideología que enmascaraba los intereses de sus defensores, entendiendo por ellos hombres europeos, blancos y heterosexuales.

Tanto la derecha como la izquierda llevaron hasta sus últimas consecuencias las ideas liberales y ello terminó por socavar al mismo liberalismo. La libertad económica se convirtió en una ideología antiestatal, mientras que la defensa de la autonomía personal terminó por crear una ideología progresista “woke” que celebraba la diversidad por sobre la cultura que todos compartimos. Todo esto produjo una eventual reacción: la izquierda culpó al capitalismo por la creciente desigualdad y la derecha consideró que el liberalismo destruyó los valores tradicionales.

El contexto mundial

El liberalismo era mucho más apreciado cuando el mundo era antiliberal. Después de todo, su doctrina surgió en una Europa golpeada por 150 años de incesante guerra religiosa después del inicio de la Reforma Protestante. El liberalismo renació después de las destructivas guerras nacionales que sufrió Europa durante el siglo XX y terminó por institucionalizarse en la forma de la Unión Europea. Un orden mundial más amplio fue conseguido gracias a la apertura comercial y las inversiones libres creadas por los Estados Unidos, alcanzando su cenit durante la década de 1989 y 1991, momento en que el comunismo se derrumbó y los pueblos que vivían bajo él pudieron construir su propio camino.

Sin embargo, ya ha pasado más de una generación desde la caída del Muro de Berlín y las virtudes de vivir en un orden mundial liberal son consideradas como un hecho inamovible. Se han desvanecido los recuerdos de las guerras autodestructivas y las dictaduras, especialmente en las juventudes de Europa y Norteamérica. Dentro de este contexto, la UE ha tenido un éxito espectacular al prevenir las guerras europeas, pero ahora es vista por muchos como una tiranía. Los conservadores dicen que el hecho de que los gobiernos obliguen a la gente a llevar máscaras y vacunarse contra el Covid-19 se asemejan al trato que Hitler le dio a los judíos. Tales aseveraciones solo pueden hacerse en una sociedad donde jamás se ha conocido una dictadura real.

Además, el liberalismo resulta poco atrayente para los que defienden una comunidad fuerte unida por una religión, una etnia y unas tradiciones compartidas, por lo que jamás aceptarán la existencia de una sociedad que resuelva todo a través del consenso político y la tolerancia de los diversos puntos de vista que tienen los individuos.

Este vacío lo han venido a llenar regímenes antiliberales como Rusia, China, Siria, Venezuela, Irán y Nicaragua que tienen muy poco en común entre ellos, aparte del hecho de que detestan la democracia liberal y defienden una forma de autoritarismo duro. Estos países han creado una red de apoyo mutuo que ha permitido que regímenes despreciables como el de Nicolás Maduro en Caracas sobrevivan a pesar de que una quinta parte de la población se ha ido.

En el centro de esta red de apoyo mutuo se encuentra la Rusia de Putin, la cual proporciona armas, asesores militares y de inteligencia a prácticamente cualquier régimen sin importar lo horrible que sea para su propio pueblo, mientras este dispuesto a ponerse a los Estados Unidos o la UE. Esta red incluso afecta a las democracias liberales. Los populistas de derecha expresan abiertamente su admiración por Putin, empezando por el ex presidente de Estados Unidos Trump, quien ha dicho, después de que Rusia invadiera Ucrania, que Putin era un “genio” y un hombre “muy inteligente”. Populistas como Marine Le Pen y Eric Zemmour en Francia, Matteo Salvini en Italia, Jair Bolsonaro en Brasil, el AfD en Alemania y Viktor Orban en Hungría también han expresado su simpatía por Putin, al que consideran un líder “fuerte” que defiende los valores tradicionales sin importarle cosas insignificantes como las leyes o las constituciones. El liberalismo ha promovido la igualdad de género y la tolerancia hacia los gays y las lesbianas en las últimas dos generaciones, lo que ha llevado a que muchos en la derecha adoren la fuerza y la agresividad masculinas como virtudes.

El espíritu de 1989 no ha muerto

La guerra en Ucrania nos afecta a todos. La agresión rusa y el bombardeo de pacíficas ciudades ucranianas como Kyiv y Jarkov nos revelan el verdadero rostro de las dictaduras antiliberales.

La Rusia de Putin ha dejado de ser un Estado que se quejaba legítimamente de la expansión de la OTAN para convertirse en un país resentido y revanchista que pretende revertir el orden europeo surgido de 1991. O más bien, es un país cuyo líder está obsesionado con acabar con una injusticia histórica sin importarle el costo que sufra su propio pueblo.

El heroísmo ucraniano ha salido a la luz al enfrentarse a un enemigo muy superior y eso ha inspirado a personas de todo el mundo. El presidente Zelensky ha llegado a ser considerado un líder ejemplar que ha recibido un bautismo de fuego real y que ha conseguido mantener la unidad de Ucrania. A su vez, la resistencia ucraniana ha inspirado a muchos en todo el mundo y ciudades enteras en varias partes se engalanan con banderas azules y doradas, mientras prometen toda clase de ayudas materiales.

La OTAN, en contra de lo que esperaba Putin, se ha fortalecido y países como Finlandia y Suecia esperan adherirse a ella. Uno de los cambios más grandes de todo esto es el que ha experimentado Alemania, que anteriormente era el más importante aliado de Rusia en Europa. El canciller alemán Olaf Scholz ha prometido duplicar el presupuesto de defensa de su país y enviar armas a Ucrania, lo que cambia por completo décadas de política de Alemania que ahora se enfrenta directamente contra el imperialismo de Putin.

Por ahora resulta imposible saber cómo Putin espera lograr sus planes de crear una Rusia más grande, pero sin duda tenemos un largo y desalentador camino por delante. Putin aún no ha hecho uso de toda la capacidad militar con la que cuenta Rusia. Mientras tanto, aquellos que luchan por Ucrania se han quedado sin municiones y alimentos, además de encontrarse sumamente agotados. Esto sin duda desatará una carrera entre Rusia y la OTAN por ver quien acaba el conflicto primero. A medida que Rusia avanza las ciudades ucranianas sufren un bombardeo inmisericorde que recuerda trágicamente a lo que aconteció a Grozny, la capital de Chechenia, que fue reducida a escombros en la década de 1990. También existe el peligro de que este enfrentamiento se conviertan en un choque directo entre la OTAN y Rusia debido a los reiterados llamados a que se cree una zona de exclusión área. Sin embargo, son los ucranianos quienes cargarán con el peso de esta lucha y sufrirán por nosotros.

Los problemas del liberalismo no acabarán con la derrota de Putin, pues China, Irán, Venezuela, Cuba y los populistas de los países occidentales están al acecho. Pero el mundo sin duda aprenderá que el orden mundial liberal no es un hecho y que no sobrevivirá a menos que luchemos por él y nos apoyemos entre nosotros. Los ucranianos, más que ningún otro pueblo, han demostrado una verdadera valentía y que el espíritu de 1989 sigue vivo en varios rincones del planeta. Este espíritu se encontraba adormecido en el resto de nosotros, pero ha comenzado a despertar nuevamente.

Fuente: https://www.ft.com/content/d0331b51-5d0e-4132-9f97-c3f41c7d75b3

Los intereses y valores que defienden Rusia y la Anti-Rusia

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

La importancia global del conflicto en Ucrania

El destino del mundo se está decidiendo en Ucrania y no se trata de una simple lucha entre dos potencias que están repartiéndose los restos que quedan, sino de un punto de inflexión que cambiará la historia misma.

Normalmente, se tiende a desligar los intereses de los valores, pues los primeros tienen que ver con el equilibrio político y geopolítico, mientras que los segundos hacen parte de los ideales defendidos por una civilización. No obstante, no existen conflictos militares donde ambas dimensiones se vean entrelazadas por lo que los valores muchas veces vienen acompañados de la necesidad de cumplir ciertos objetivos pragmáticos. Ahora bien, en esta guerra contra Ucrania tanto los intereses como los valores por los que lucha Rusia atañen a todos los habitantes del planeta y eso es lo que nos lleva a sostener que no se trata de un mero conflicto local.

Ucrania ha fracasado en su intento de crear un Estado-nación

¿Qué es Ucrania? Un Estado-nación que (presumiblemente) tiene intereses racionales y defiende unos valores e ideales. Ucrania tuvo la oportunidad de convertirse en un Estado-nación justo después del colapso de la URSS, pero tuvo que enfrentarse al hecho de que jamás había existido como Estado independiente. Fue por esa razón que tuvo que dar los primeros pasos para crear su propia identidad. Sin embargo, en su territorio habitaban dos pueblos muy distintos: uno occidental y otro oriental. El primero se considera así mismo como una etnia independiente, mientras que el segundo hacia parte del mundo ruso y se había separado de este de forma arbitraria. La única forma en que podía construirse un Estado-nación ucraniano era que ambas mitades llegaran a un acuerdo entre ellas, pero el nacionalismo ucraniano llegó al poder durante la revolución naranja de 2004-2005, momento en que la parte occidental de Ucrania decidió deponer al candidato presidencial de la parte oriental.

Fue a partir de ese momento que la geopolítica o la Gran Guerra de los Continentes comenzó a actuar. Occidente vio que la independencia (accidental) de Ucrania era la oportunidad perfecta para crear un enclave antirruso en este territorio y de ese modo contener el probable resurgimiento de Rusia después de la disolución de la URSS, ya que este renacimiento de Rusia era inevitable y Occidente debía preparase para cuando eso sucediera. Occidente apoyó a las fuerzas que existían en Ucrania occidental, financiando su autonomía cultural en contra de la otra mitad de Ucrania que era prorrusa.

La génesis geopolítica del nazismo ucraniano

Fue a partir de este momento que surgió la idea de que la identidad de la Ucrania occidental se convirtiera en la identidad de toda Ucrania. Pero para conseguir esto se debía, en el peor de los casos, llevar a cabo un genocidio de la parte oriental de Ucrania. Con tal de acelerar la formación de una nación ucraniana que jamás había existido, Occidente decidió tomar medidas extremas y por eso financió toda clase de proyectos con tal de crear una “única nación” de la cual fueran suprimidos cualquier clase de sentimientos prorrusos que todavía existieran en el Este de Ucrania y tomaron la decisión de recurrir a la ideología nazi. No es la primera vez que Occidente recurre a tales tácticas, pues ya durante la Guerra Fría habían financiado en el mundo islámico a toda clase de fuerzas antisoviéticas (y luego antirrusas) como el fundamentalismo musulmán (de Al Qaeda e ISIS) al que dieron dinero y armas.

El nazismo ucraniano no sólo fue un partido y un movimiento extremista atípico reducido a fantasías individualistas, sino que era antes que nada una ideología alimentada por Occidente a lo largo de toda la década de 1990. Occidente perseguía el nazismo en sus países, pero los liberales más radicales (Soros, Bernard-Henri Levy, etc.) co-fraternizaban abiertamente con el nazismo ucraniano. Occidente consideraba que la nazificación de Ucrania permitiría la creación de una Anti-Rusia que le sería útil: la preservación de una sociedad democrática en Ucrania, que tuviera en cuenta al Este de ese país, no permitiría la aparición de semejante proyecto (o al menos lo retrasaba).

Sin embargo, la reunificación de Rusia con Crimea y el levantamiento prorruso del Donbass prorruso alteró esta ecuación. La Primavera Rusa intentó dividir a Ucrania en dos mitades, pero este proyecto fue desechado por varias razones.

El nacimiento del nazismo ucraniano

El ascenso del nazismo prooccidental ucraniano tuvo varias etapas. La primera de ellas fue el nacimiento de partidos nacionalistas durante la década de 1990 cuando una gran cantidad de propaganda rusofóbica terminó por influir fuertemente en la juventud. Esta identidad ucraniana tenía dos caras:

  • Una que coqueteaba alegremente con Occidente,
  •  Y otra que odiaba a Rusia rescatando a personajes como Bandera y Shukhevich.

Este nacionalismo ucraniano terminó por estallar durante la revolución naranja del 2004-2005, cuando la mitad Occidental de Ucrania se rebeló contra el triunfo del candidato presidencial de Ucrania Oriental. Yushchenko, el candidato de la mitad occidental, llegó al poder gracias al apoyo de las fuerzas nacionalistas y liberales, pero su gobierno fue un completo fracaso, y fue sustituido por el candidato prorruso: Yanukovich. No obstante, durante este período continuó difundiéndose el nazismo y Occidente siguió intentando crear una Anti-Rusia.

La alianza entre el nazismo y el liberalismo

El punto de inflexión más importante se produjo durante el Maidan que aconteció en el año 2013-1014, momento cuando Occidente apoyó abiertamente al nazismo ucraniano y financió el golpe de Estado que llevó al poder a una alianza rusofoba formado por nazis y liberales. Los oligarcas liberales Poroshenko y Kolomoiski convirtieron a Ucrania en un perfecto Estado nazi al cual Occidente le exigía que siguiera al pie de la letra sus planes.

Como resultado de todo esto, se produjo la Primavera Rusa, momento en que Rusia se reunificó con Crimea y se levantaron las regiones prorrusas del Este de Ucrania. La Primavera Rusa esperaba dividir a Ucrania en una parte Occidental pro-europea y una Novorossia prorrusa, manifestándose así las dos identidades que existían en tal país, pero este proceso fue obstaculizado. Fue entonces cuando Kiev comenzó el proceso de ucranización del Este del país a través de un genocidio sistemático de las poblaciones no solo del Donbass (Donetsk y Lugansk), sino de toda Novorossia. Occidente no solo permitió esto, sino que lo apoyó de todas las formas en que pudo, haciendo a un lado la defensa de sus valores en nombre de sus propios intereses. Así que la geopolítica (el atlantismo) resultó mucho más importante que la defensa del liberalismo.

Esta ideología nazi-liberal en Ucrania se convirtió en un imperativo que Occidente intentó usar a su favor, por lo que decidió bloquear en todos los medios controlados por ellos (Youtube, facebook, twitter, Instagram, Google, etc.) las voces que denunciaban esto.

El nacimiento de una Anti-Rusia

La sociedad ucraniana fue penetrada por toda la basura occidental: ideología de género, LGBT+, promoción más o menos irrestricta de las drogas, postmodernismo (considerado por los ucranianos como una forma de nihilismo y cinismo total), cultura de la cancelación, feminismo, wokeismo, etc. Ucrania se convirtió para el 2022 en la Anti-Rusia, aunque sus intereses nacionalistas giraban alrededor de los siguientes imperativos:

  • Recuperar Crimea y el Donbass
  • Adhesión a la OTAN,
  • Exterminar a toda la población del Este de Ucrania,
  • Desarrollar armas nucleares y biológicas que serían utilizadas contra Rusia,
  • Crear una ideología nazi-liberal rusofóbica que combinará el occidentalismo con el liberalismo.

En definitiva, estos son a grandes rasgos los intereses y valores que hoy defiende Kiev. Occidente apoya totalmente a Kiev, pero no está dispuesto a iniciar una confrontación nuclear con Rusia. No obstante, Occidente ha conseguido convertir a Ucrania en una especie de Anti-Rusia que haga esto por él.

La rusofobia como ideología del globalismo

Resulta interesante que en medio de la operación especial rusa en Ucrania Occidente ha encontrado la manera de justificarse así mismo, pues no solo está justificando sus intereses geopolíticos sino también el nazismo ucraniano. La reciente fotografía que Bernard-Henri Levy, ideólogo del liberalismo global y ferviente partidario del Great Reset, se tomó con Maxim Marchenko, neonazi y antiguo jefe del batallón “Aidar” que ahora es el jefe de las operaciones militares en Odessa, resulta muy disiente. Podemos considerar que este hito marca el momento en que Occidente acepta que el liberalismo y el nazismo deben estar unidos contra Rusia. Quizás eso explique porque los medios de comunicación occidentales – YouTube, Facebook, Twitter, Instagram, Google, etc. – han silenciado a las voces que critican esta política y promocionan a todo aquel que odia a los rusos. Por supuesto, todos estos medios han sido declarados “organizaciones terroristas” en la Federación de Rusia y han sido prohibidos. Es así como la rusofobia sistemática se ha convertido en el mínimo común denominador que une a los nazis y los liberales.

Por otro lado, Occidente ha lanzado una campaña propagandística que equipara a Rusia con la Alemania “nazi” y declara una cruzada en su contra. Por supuesto, los nazis antirrusos “no son realmente nazis”, y eso a pesar de que usan sus símbolos y cometen sus mismos crímenes: genocidio, ejecuciones, torturas, violaciones, tráfico de niños y de órganos, limpieza étnica, etc.

Si Rusia quiere preservar sus propios intereses en Ucrania debe destruir por completo a la Anti-Rusia. Por el contrario, Occidente debe fortalecer todo lo que pueda esta Anti-Rusia con tal de destruir a Rusia.

Los intereses y valores de Occidente: hegemonía, totalitarismo liberal y rusofobia

Podemos decir que el actual conflicto que Occidente esta librando se basa en el cumplimiento de los siguientes objetivos:

  • Ampliar la OTAN,
  • Preservar la unipolaridad,
  • Fortalecer la globalización y convertir a la humanidad en una masa al servicio de un Gobierno Mundial (el proyecto de la Gran Reconstrucción),
  • Preservar la hegemonía de los Estados Unidos.

Con tal de conseguir estos objetivos, Occidente intenta imponer sus valores al resto del mundo:

  • Liberalismo,
  • Globalismo,
  • Individualismo,
  • Supresión de toda disidencia,
  • Promoción de la ideología LGBT+, feminismo y transgénero,
  • Promoción del postmodernismo y destrucción deliberada del patrimonio cultural clásico,
  • Wokeismo o ataque a todo aquel que denuncie el liberalismo (calificados como enemigos de la sociedad abierta que cometen un delito de pensamiento),
  • Post-humanismo y digitalización de la consciencia humana (este es el proyecto de Meta, organización que ha sido declarada como terrorista por la Federación de Rusia),
  • Y nazismo rusofobo.

La ideología nazi-liberal antirrusa ucraniana ha comenzado a penetrar en Occidente donde ahora la rusofobia es obligatoria, por lo que quienes no estén de acuerdo con ella serán perseguidos penalmente y castigados. El perro ucraniano ha comenzado a mover su cola gracias a los mimos que recibe de Washington. Ahora bien, después de que Rusia lanzara su operación militar sobre Ucrania el nazismo se ha fusionado definitivamente con el liberalismo (rusofobia total).

Rusia defiende el mundo multipolar

Ahora bien, ¿cuáles son los intereses defendidos por Rusia? Geopolíticamente, Rusia rechaza categóricamente el globalismo, la unipolaridad y la hegemonía occidental. Esto se traduce en la práctica en una fuerte resistencia contra la ampliación de la OTAN hacia el Este y en la condena de cualquier clase de presión sobre Rusia. Moscú desea el nacimiento de un mundo multipolar donde Rusia pueda convertirse en un polo independiente y soberano. Para llevar a cabo tal tarea cuenta con el apoyo de Pekín y varios países islámicos y latinoamericanos. La India también está tomando un camino parecido. Es muy probable que el resto de los países -incluyendo Europa y Norteamérica – terminen por aceptar este modelo y se unan a la construcción del mismo.

Si Rusia quiere conseguir este objetivo, primero debe eliminar a la Anti-Rusia que surgió en Ucrania. Por supuesto, Occidente pretende hacer todo lo contrario y es por eso que Rusia choca directamente con él. En un principio el gobierno ruso intento solucionar este conflicto de forma pacífica, pero no funcionó y ahora hemos entrado en una confrontación militar directa. El atlantismo y el eurasianismo luchan su batalla final en Ucrania, confirmando con ello las teorías geopolíticas clásicas que han sido defendidas tanto por Mackinder como por Putin. Como dijo correctamente Brzezinski en la década de 1990 “sin Ucrania, Rusia jamás será capaz de volver a levantarse”. Los estrategas de Moscú decidieron que había llegado la hora de que Rusia renaciera y volverá a ocupar Ucrania.

Los valores que defiende Rusia: la Tradición, el Espíritu y el Hombre

No obstante, ¿cuáles son los valores que defiende Rusia? Occidente y Kiev luchan por la instauración de una síntesis patológica (desde el punto de vista de la politología) del liberalismo y el nazismo.

Los globalistas liberales odian a Rusia debido a su defensa de la soberanía y su rechazo de la unipolaridad, lo cual debilita la globalización y la hegemonía occidental. Por su parte, Kiev odia a Rusia porque protege a las poblaciones del Este de Ucrania e impide de ese modo la creación de una nación ucraniana. Debido a que sus intereses coinciden, el nazismo y el liberalismo ucraniano se han unido en su odio contra Rusia y llaman al exterminio físico de todos los rusos, empezando por el presidente Putin hasta llegar a los bebés, mujeres y los ancianos, todo ello sazonado con dosis de propaganda LGBT+, defensa del matrimonio homosexual y posmodernismo: estos son los valores difundidos por una civilización que desprecia al mundo ruso.

En cambio, Rusia defiende en primer lugar valores tradicionales como el poder, la soberanía, la fe, la familia, el ser humano y las particularidades culturales. En segundo lugar, Rusia insiste en que es necesario proteger a los rusos en Ucrania, quienes se ven amenazados por el exterminio y son víctimas de un genocidio sistemático. En tercer lugar, Rusia defiende el eurasianismo y a todos los diferentes pueblos y culturas que existen en este espacio geográfico, rechazando categóricamente el nazismo y el racismo. Además, Rusia reconoce que todos los pueblos y sociedades del mundo deben seguir su propio camino y construir su propia sociedad en tanto que esto no se haga a costa de Rusia y los pueblos que ven a Rusia como su arca de salvación. A grandes rasgos, estos son los valores que defiende Rusia en contra del nazismo y el liberalismo.

La civilización rusa vs la civilización antirrusa

Podemos decir que tanto los intereses como los valores de ambos polos no coinciden en absoluto y que esta lucha afecta a todos los pueblos y sociedades que existen en todo el mundo, adquiriendo una escala planetaria. Este choque entre dos sistemas (el nazi-liberalismo defendido por Occidente contra Rusia) han creado un conflicto bastante intenso, especialmente si tenemos en cuenta que Rusia afirma la creación de un mundo multipolar y la existencia de otras civilizaciones como la china, la islámica y la occidental (mientras estas no defiendan el nazismo o el globalismo liberal).

Podríamos decir que esta operación para desnazificar a Ucrania afecta a todos los demás países y Rusia no puede tolerar ninguna clase de rusofobia en ninguna parte del mundo. Se trata de una cuestión de principios donde la civilización rusa y la antirrusa chocan por completo.

El destino de la quinta columna rusa

La quinta columna rusa intentó rebelarse en contra de la operación militar especial en Ucrania, pero que fue rápidamente detenida y terminó huyendo al extranjero. Ahora también la sexta columna, que había conseguido camuflarse dentro del sistema jurando lealtad a Putin, se está yendo.

La quinta columna liberal siempre ha sido antirrusa y eso se nota desde la guerra de Chechenia. Los discursos y declaraciones de la mayoría de los liberales que componen la oposición rusa están llenos de ataques hacia Rusia. Algunos de ellos incluso se exiliaron en Estados Unidos, Europa, Israel y Kiev. Muchos de ellos huyeron a Kiev porque lo consideraban uno de los grandes bastiones de la ideología antirrusa, contribuyendo con eso al florecimiento del nazismo ucraniano. Muchos de los liberales rusos de la quinta columna se han convertido en apologistas del nazismo con los años.

Hoy en día la quinta columna ha sido prohibida en Rusia y es perseguida sistemáticamente. De todas maneras, siguen sirviendo a Washington, la CIA, el Pentágono, la OTAN y Kiev debido a su odio hacia Rusia. Son enemigos abiertos de Rusia y en medio de la guerra todos sabemos que se debe hacer con los enemigos.

La sexta columna esta ahora entre el yunque y el martillo

La situación de la sexta columna es mucho más complicada y es precisamente esta la que se ha convertido en el principal problema que enfrentamos hoy, pues está formada por “liberales integrados al sistema” como lo son los oligarcas, los políticos, los burócratas y los personajes importantes de la cultura que son  en el fondo liberales, aceptando que el futuro de la humanidad es el dinero, el imperialismo del dólar, las tasas de cambio, el cosmopolitismo, la ideología LGBT+, la transexualidad, la globalización, la digitalización, etc., aunque no oponiéndose directamente a Putin.

Sin embargo, la sexta columna ahora se encuentra en una situación difícil pues están entre el yunque y el martillo. Occidente ha impuesto toda clase de sanciones económicas en contra de la sexta columna, decomisando sus yates y casas, congelando sus cuentas bancarias y confiscando sus bienes inmuebles en Europa. El objetivo es que derroquen a Putin, pero hacer algo semejante sería un suicidio para ellos.

Por lo tanto, la sexta columna ahora esta confundida, ya que Occidente les exige que hagan algo imposible. Su única alternativa es huir de Rusia y luchar contra Putin desde el exterior (como lo hicieron Chubais y otras conocidas figuras de la oligarquía liberal rusa) o bien apoyar la operación militar especial. En este último caso Occidente los considerará traidores y los privará de todos los bienes que tienen en el extranjero. Esto último es importante porque la ideología liberal actual es profundamente rusofóbica y se ha fusionado con el nazismo. No se puede ser nazi y al mismo tiempo luchar contra el nazismo.

Es por eso que nuestra victoria no depende únicamente de las heroicas acciones de nuestro ejército, el éxito de nuestra planificación militar y estratégica, los suministros materiales de la operación, la gestión política y administrativa de los territorios liberados, etc. Depende antes que nada de Rusia cree su propia Idea. En definitiva, se trata de la lucha entre Rusia y el liberalismo.

Si los liberales dentro del sistema (la sexta columna) quieren seguir siendo parte del sistema, entonces tendrán que dejar de ser liberales. El liberalismo se ha fundido con el nazismo y Rusia está hoy desnazificando Ucrania, por lo que los liberales dentro del sistema tendrán que desnazificarse, es decir, desliberalizarse también.

La transición al patriotismo

Muchos de los antiguos liberales de la década de 1990 ya han tenido que eligir entre los valores tradicionales representados por Rusia y el nazi-liberalismo defendido por Occidente. Aquellos que eligieron a Rusia y la Tradición pueden seguir siendo parte del sistema, los que no deben ser destruidos. Toda persona puede equivocarse, perseguir sus propios objetivos tácticos, cometer errores y disculparse por los mismos. Los liberales que se han convertido en patriotas no serán perseguidos, pero deberán pasar por una especie de ritual en donde dejen claro que han dejado atrás su antigua ideología y ahora son patriotas.

Creo que sería un error convertir al patriotismo por la fuerza a los liberales que están dentro del sistema tal y como lo hicieron los españoles con los judíos. Se trata antes que nada de una cuestión ideológica y de consciencia, por lo que la violencia solo tendría un efecto adverso. Sin embargo, la élite de una sociedad debe estar formada por quienes representen los intereses y valores de nuestro país, especialmente ahora que nos encontramos en un momento tan delicado y libramos una guerra existencial contra un adversario tan fuerte y poderoso. Si la élite no comparte nuestros intereses y valores, entonces no puede gobernarnos.

Los pueblos que viven tanto en Rusia como en Ucrania esperan que Moscú hable sinceramente y haga un llamamiento que toque lo más profundo del ser. Ha llegado la hora de que esta operación militar adquiere un carácter sagrado. La guerra entre Rusia y la Anti-Rusia tiene un significado global, por lo que la existencia de redes enemigas dentro de Rusia es un gran problema. Por lo tanto, en caso de que la sexta columna elija a Rusia deberán dejar de ser “liberales dentro del sistema”, ya que esto sería tan paradójico como ser “nazis dentro del sistema”. El estado actual del mundo no lo permite.

Rusia debe convertirse en un faro de Luz

Como hemos dicho antes, nuestra victoria depende de que Rusia se convierta en un verdadero ejemplo para el mundo, por lo que el llamado a volvernos hacia una Idea completamente rusa no es un capricho. En su momento, hasta los comunistas soviéticos, en medio de una situación muy difícil y por boca de Stalin, apelaron al pueblo ruso, a la Iglesia Ortodoxa, a la Tradición y a nuestra heroica historia. Nada impide que hagamos eso ahora. Solo los liberales dentro del sistema, que no se han dado cuenta de la gravedad de la situación, rechazan esa opción.

Ha llegado la hora de que tanto el soldado ruso como el ciudadano que está en la retaguardia, el hijo y la madre, el sacerdote y el poeta decidan cual será el destino de la humanidad. Rusia se ha enfrascado en un combate mortal contra la Anti-Rusia y debe convertirse en una civilización de la Luz. Debemos defender nuestros intereses y valores. Y por fin brillará, en todo su esplendor y silencio, una Luz rusa que iluminará al mundo.

Una mirada a los acontecimientos actuales

Por Costantino Ceoldo

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

La operación militar rusa en Ucrania es algo que las élites occidentales han esperado desde hace mucho tiempo, ya que consideran la derrota y destrucción de Rusia como la antesala de un futuro ataque contra China.

Occidente es un territorio moribundo dominado por la ideología LGTB, las teorías de género y absurdas políticas de identidad que únicamente podría prolongar su vida si derrotase a Rusia y restableciera el “momento unipolar”. El triunfo de Occidente implicaría el florecimiento de la perversión, la esclavitud y el doble-pensar, por lo que la humanidad terminaría por sucumbir ante el Nuevo Orden Mundial impuesto por Davos y su sumo sacerdote (Klaus Schwab).

Los medios de comunicación occidentales presentan la intervención rusa en Ucrania como un salto al vacío desatado por la locura criminal de Vladimir Putin condenado al fracaso.

Ambas partes han impuesto una gran cantidad de sanciones económicas sin precedentes, sin hablar del continuo bombardeo mediático y la creciente apatía de la opinión pública occidental (incluida la italiana) cansada de la histeria desatada por estos dos años de pandemia. Occidente considera que Volodymyr Zelens’kyj, un mediocre actor de comedia, es un líder ejemplar: los mediocres siempre son elegidos en esta clase de actuaciones. Gracias a la invasión rusa, el gobierno de Kiev, constantemente azuzado por Washington, ha sido capaz de ocultar el hecho de que gran parte de la crisis actual es responsabilidad suya, algo que viene agravándose desde el golpe de Estado del 2014. Incluso el batallón Azov (una fuerza paramilitar neonazi) se ha beneficiado muchísimo de esta situación y la opinión pública occidental ahora los considera como hombres rudos y sinceros; toscos, pero sólidos y confiables.

Por supuesto, Rusia ve las cosas de una forma distinta y se ha preparado para esta guerra desde hace mucho tiempo. Es por eso que hemos contactado al analista y politólogo ruso Leonid Savin, quien ha accedido a responder a algunas de nuestras preguntas: las respuestas que nos ha dado nos permiten comprender mucho mejor la opinión que tienen los rusos de los acontecimientos actuales que aquella que difunde la prensa occidental en general o italiana en particular.

1) ¿Por qué Rusia invadió Ucrania? ¿Cuáles son los objetivos rusos detrás de esta invasión?

R) Esta acción militar se realizó debido al aumento de la amenaza existencial que sufre Rusia actualmente, tanto desde un punto de vista retórico como fáctico. Existen laboratorios biológicos del Pentágono en Ucrania, así como unidades paramilitares neonazis que han bombardeado durante ocho años las ciudades del Donbass. Rusia ha denunciado este problema durante muchos años (de ahí las negociaciones de Minsk) y uno de sus últimos intentos fue la reunión que se llevó a cabo en diciembre del 2021, cuando Moscú dijo que en caso de que se cruzaran las líneas rojas establecidas realizaría una intervención militar en la zona. EE.UU. y la OTAN no aceptaron ninguna de las propuestas hechas por Rusia y empezaron a preparar a las fuerzas ucranianas para que atacaran el Donbass. Rusia decidió lanzar una operación preventiva.

2) Muchos grupos nazis siguen existiendo, por desgracia, en todas partes del mundo. Pero, ¿por qué tienen tanto peso en Ucrania?

R) El caso ucraniano es muy particular, ya que durante la Segunda Guerra Mundial los pueblos que habitaban la Ucrania soviética fueron asesinados, torturados y perseguidos por las tropas nazis. Además, existieron muchos colaboradores que trabajaron con los nazis y se convirtieron en una especie de polizei. Sus descendientes dijeron que sus ancestros luchaban por la independencia de Ucrania y no por la Alemania nazi. Tal mito se difundió muchísimo en Ucrania a partir de 1991 y posteriormente cuando aconteció la revolución naranja del 2005, momento en que llegó el prooccidental Victor Yushenko al poder y comenzó a glorificar a los antiguos colaboradores de los nazis de origen ucraniano a nivel nacional. Las organizaciones occidentales, principalmente estadounidenses y canadienses, difundieron esta versión de los hechos. Por otra parte, algunos políticos contemporáneos tanto de EEUU como de Canadá (por ejemplo, Paula Jon Dobriansky) son hijos de nacionalistas ucranianos y colaboradores nazis.

3) ¿Cree, como sostiene el gobierno ruso, que existe un vínculo entre los bio-laboratorios estadounidenses en Ucrania y la epidemia de Covid que ha afectado a todo el mundo? Si es así, ¿por qué?

R) Se han encontrado varios documentos en estos laboratorios en los que se habla de experimentos realizados en murciélagos y aves que son consideradas como portadoras de enfermedades peligrosas. Muchas de estas especies migran a lo largo de Rusia. Por cierto, algunos de estos murciélagos han sido encontrados en ciudades rusas cercanas a la frontera con Ucrania. Mi opinión es que estaban intentando crear algo mucho más peligroso que el Covid.

4) Occidente respondió a la invasión rusa imponiendo un número sorprendente de sanciones. ¿Cuál es la situación económica y social de Rusia hoy?

R) Estas sanciones no fueron ninguna sorpresa ya que Occidente le ha venido imponiendo a Rusia toda clase de sanciones desde el 2014. Nuestro primer ministro Mikhail Mishustin dijo que Rusia se había preparado para ello. Claro, estas sanciones han afectado el precio del rublo, pero sin duda volverá a estabilizarse dentro de poco. Además, se ha dificultado el viaje de los rusos al extranjero, pues algunas compañías aéreas han cancelado todos sus vuelos y existen retrasos en las cadenas de suministro. No obstante, la situación sigue siendo normal: no existe una epidemia generalizada de hambre y se puede encontrar toda clase de alimentos en las tiendas. Además, el precio del combustible no ha aumentado.

5) ¿Por qué razón casi la mitad de las reservas de oro del Banco Central de Rusia se encuentran en el extranjero, donde es muy probable que los gobiernos occidentales las decomisen?

R) Eso se debió a la inercia de la agenda pro-occidental de nuestras instituciones que esperaban mantener gran parte de las reservas rusas en el extranjero. Sin embargo, Moscú será más prudente de ahora en adelante. De cualquier forma, considero que estas reservas serán desbloqueadas muy pronto, porque las contra-sanciones rusas causarían graves daños a la economía occidental.

6) ¿Cuáles son los aliados más fiables con los que cuenta Rusia en estos momentos?

R) Bielorrusia, China, Nicaragua, Cuba, Venezuela, Irán, Pakistán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Pakistán no apoyan las sanciones occidentales y siguen cooperando con nosotros. Kazajstán, Kirguistán y Armenia (miembros de la Unión Económica Euroasiática junto con Bielorrusia y Rusia) también. Además, la mayoría de los países africanos, el bloque de la ASEAN (excepto Singapur) y los países latinoamericanos son neutrales. Turquía también, a pesar de que es miembro de la OTAN.

7) Tengo una última pregunta que tiene que ver con Italia. ¿Qué piensa de las relaciones entre Rusia e Italia en estos momentos y cómo evolucionaran en un futuro?

R) Italia se encuentra en la lista de países hostiles para Rusia. Por lo que sus sanciones y las nuestras tendrán un grave impacto sobre nuestras economías. La solución a estos problemas dependerá de qué harán la UE y el gobierno italiano de ahora en adelante. Moscú mira con suspicacia a todos aquellos que están apoyando una política antirrusa en estos momentos y es por eso que, incluso cuando se lleve a cabo una normalización de las relaciones políticas, las reglas de juego para las empresas italianas en Rusia cambiaran completamente.

La verdad sobre la extrema derecha ucraniana

Por Aris Roussinos 

Fuentes: UnHerd

Ucrania no es un Estado nazi, como afirma la propaganda de Putin, sino una democracia imperfecta. Pero la extrema derecha y los neonazis sí tienen un peso militar que han venido ganando en gran medida en el campo de batalla, y perjudican no a Rusia, sino a la propia Ucrania.

Denunciarlos no es hacerle el juego a la invasión, sino poner de relieve los peligros que entraña su potencial crecimiento, quizás sobre las propias ruinas del Estado ucraniano.

Como cualquier guerra, pero quizá más que la mayoría, la guerra en Ucrania viene siendo el escenario de un bombardeo desconcertante de declaraciones y réplicas en la web por parte de los simpatizantes de ambos bandos. La verdad, verdades parciales y mentiras descaradas compiten por el dominio en el relato de los medios. Sin duda, uno de los ejemplos más claros es la afirmación de Vladímir Putin de que Rusia invadió Ucrania para «desnazificar» el país. La aseveración rusa de que la Revolución de Maidan de 2014 fue un «golpe fascista» y de que Ucrania es un Estado nazi ha sido utilizada durante años por Putin y sus simpatizantes para justificar la ocupación de Crimea y el apoyo a los separatistas rusoparlantes en el este del país, y ha ganado muchas adhesiones en la web.

Pero la afirmación de los rusos es falsa: Ucrania es un Estado liberal-democrático genuino, si bien imperfecto, con elecciones libres que producen cambios significativos en el poder, entre los que se incluyen la elección en 2019 del reformador liberal-populista Volodímir Zelenski. Ucrania no es un Estado nazi, y esto es inequívoco: el casus belli ruso es una mentira. Aun así, existe el riesgo de que el entendible deseo de los analistas ucranianos y occidentales de no aportar municiones a la propaganda rusa lleve un exceso de corrección política que, en última instancia, no sirve a los intereses ucranianos.

En un resumen de noticias reciente de BBC Radio 4, el corresponsal aludió a la «afirmación infundada de Putin de que el Estado ucraniano apoya a elementos nazis». Esto es en sí un caso de desinformación: es un hecho observable, sobre el cual la BBC misma ha informado en el pasado acertadamente y de manera correcta, que desde 2014 el Estado ucraniano ha provisto de financiación, armas y otras formas de apoyo a milicias de extrema derecha, incluso neonazis. No se trata de una observación nueva ni controversial. En 2019, entrevisté en Ucrania para la revista Harper’s a grandes figuras de la constelación de grupos de extrema derecha apoyados por el Estado, y fueron bastante abiertas respecto de su ideología y sus planes para el futuro.

Sin duda, parte de la mejor cobertura sobre los grupos ucranianos de extrema derecha provino de Bellingcat, el sitio web de inteligencia de fuentes abiertas, que es conocido por su actitud favorable hacia la propaganda de origen ruso. La excelente cobertura de Bellingcat acerca de este tema tan poco abordado en los últimos años se enfocó en gran medida en Azov, el más poderoso grupo ucraniano de extrema derecha y el más favorecido por la generosidad estatal.

En los últimos años, los investigadores de Bellingcat examinaron el intento de Azov de establecer contactos con los nacionalistas blancos estadounidenses y el financiamiento que recibió del Estado ucraniano para dar cursos de «educación patriótica» y apoyo a veteranos desmovilizados; investigaron los festivales de black metal neonazi organizados por el movimiento y el apoyo brindado al grupo neonazi ruso en el exilio Wotanjugend, contrario a Putin y practicante de una forma muy marginal de nazismo esotérico, que comparte espacio con Azov en su cuartel general de Kiev, lucha a su lado en el frente de combate y también tradujo y difundió una versión en ruso del manifiesto del tirador de Christchurch (que asesinó a más de 50 personas en 2019). Desafortunadamente, la invalorable cobertura de Bellingcat del ecosistema ucraniano de extrema derecha no se ha actualizado desde el comienzo de las hostilidades, pese a que la guerra con Rusia supuso para estos grupos una suerte de renacimiento.

El movimiento Azov fue fundado en 2014 por Andréi Biletski, ex-líder del grupo neonazi ucraniano Patriota de Ucrania, durante la batalla por el control de la Plaza Independencia, en el centro de Kiev, en ocasión de la Revolución de Maidan contra el presidente prorruso Víktor Yanukóvich. En 2010, Biletski proclamó que un día el papel de Ucrania sería «guiar a las razas blancas del mundo en una cruzada final (…) contra los untermenschen [subhumanos] dirigidos por los semitas». La revolución y la guerra que le siguió le darían el escenario nacional que ansiaba hace tiempo.

Junto con otros grupos de extrema derecha, como Sector Derecho, el naciente movimiento Azov jugó un papel externo en la lucha contra la policía de seguridad ucraniana que dejó 121 muertos y aseguró el éxito de la revolución. Luego de que el Ministerio de Defensa le cediera el control de una amplia propiedad justo al lado de la Plaza Independencia, el movimiento Azov convirtió el edificio, ahora llamado Casa Cosaca, en su cuartel general y centro de reclutamiento en Kiev. Si bien desde entonces Azov bajó el tono de su retórica y muchos de sus combatientes pueden no responder a una ideología específica y verse atraídos simplemente por su reputación marcial, sus activistas suelen verse cubiertos de tatuajes con la insignia de la calavera de las SS y runas de relámpagos, y luciendo el Sonnenrad, el símbolo del sol negro del nazismo esotérico. Derivado de un motivo diseñado para Heinrich Himmler en el castillo alemán de Wewelsburg, elegido como un Camelot ocultista para oficiales superiores de las SS, el Sonnenrad es, como la runa Wolfsangel de la división SS Das Reich, uno de los símbolos oficiales de Azov, utilizado en las insignias de sus unidades y en los escudos con que desfilan sus combatientes en evocadoras ceremonias iluminadas por antorchas.

Visité en muchas oportunidades la Casa Cosaca para entrevistar a figuras importantes del movimiento, entre ellos el líder de su Milicia Nacional (que aporta músculo auxiliar para el patrullaje a la fuerza policial oficial de Ucrania), Igor Mijailenko, y la secretaria internacional y referente intelectual Olena Semenyaka. Es un escenario impactante: además de las aulas para las conferencias educativas que brindan con financiación estatal, la Casa Cosaca alberga el salón literario y casa editorial Plomin, donde jóvenes y glamorosos intelectuales hipster se ocupan de organizar seminarios y traducciones de libros de derecha, bajo pósters lustrosos de luminarias fascistas como Yukio Mishima, Cornelius Codreanu y Julius Evola.

Pero el poder de Azov proviene de las armas, no de sus proyectos literarios. En 2014, cuando el ejército ucraniano era débil y estaba mal pertrechado, los voluntarios de Azov, liderados por Biletski, lucharon a la vanguardia de la batalla contra los separatistas rusoparlantes en el este y reconquistaron la ciudad de Mariupol, donde hoy se encuentran bajo asedio. Luchadores eficaces, valientes y muy ideologizados, sus esfuerzos en el este les ganaron un gran renombre como defensores de la nación y el apoyo de un agradecido Estado, que incorporó al movimiento Azov como regimiento oficial de la Guardia Nacional de Ucrania. En esto se cree que Azov gozó del apoyo de Arsen Avakov, un poderoso oligarca y ministro del Interior de Ucrania entre 2014 y 2019.

En las entrevistas, tanto los activistas ucranianos de derechos humanos como los dirigentes de grupos de extrema derecha rivales me expresaron sus quejas por la injusta ventaja que el patrocinio de Avakov le daba al movimiento Azov para afirmar su rol dominante en la esfera ucraniana de la derecha, lo que incluía funciones oficiales como observadores de elecciones y policía auxiliar habilitada por el Estado. Ucrania no es un Estado nazi, pero el apoyo del Estado ucraniano a grupos neonazis o de tendencia nazi –por las razones que fueran, válidas o no– convierte al país en un caso atípico en Europa. En el continente existen muchos grupos de extrema derecha, pero solo en Ucrania estos poseen sus propios tanques y unidades de artillería, con apoyo del Estado.

Esta estrecha y complicada relación entre un Estado liberal-democrático apoyado por Occidente y defensores armados de una ideología muy diferente ha causado en el pasado cierta incomodidad entre quienes respaldan a Ucrania en Occidente. En los últimos años, el Congreso de Estados Unidos ha tenido idas y venidas en su postura respecto a si se debe impedir que Azov reciba cargamentos de armas estadounidenses, y los legisladores del Partido Demócrata instaron en 2019 a que el movimiento fuera incluido en la lista global de organizaciones terroristas. En las entrevistas, Semenyaka se quejó de que este malestar era resultado de la atención prestada a la propaganda rusa e insistió en que la cooperación estadounidense con Azov sería beneficiosa para ambas partes.

En este sentido, sin duda la guerra actual ha resultado un afortunado alivio para Azov. El intento de Biletski de fundar un partido político –Cuerpo Nacional– no tuvo mayor éxito, y ni siquiera un bloque unido de partidos de derecha y extrema derecha logró superar el bajísimo umbral para la representación parlamentaria en la última elección: el electorado ucraniano simplemente no quiere lo que ellos ofrecen y rechaza su visión del mundo. Pero en tiempos de guerra Azov y grupos similares pasaron a primer plano, y la invasión rusa aparentemente revirtió la espiral descendente que se había iniciado para ellos luego de la renuncia de Avakov como resultado de la presión internacional. A juzgar por sus redes sociales, las unidades armadas de Azov se están expandiendo: se forman nuevos batallones en Járkov y Dnipró, una nueva unidad de fuerzas especiales en Kiev (donde Biletski está organizando al menos algunos aspectos de la defensa de la capital) y milicias locales de defensa en ciudades occidentales como Ivano-Frankivsk.

Junto a otros grupos de extrema derecha como Karpatska Sich (Sich de los Cárpatos) (cuya militancia contra la minoría de lengua húngara del oeste de Ucrania, incluido el pueblo roma, ha generado críticas del gobierno húngaro), el grupo ortodoxo oriental Tradición y Orden, el grupo neonazi C14 y la milicia de extrema derecha Freikorps, la invasión rusa permitió a Azov recuperar su antigua importancia, dando brillo a su heroica reputación con su tenaz defensa de Mariupol a la par de los soldados regulares ucranianos. Mientras que hasta hace unas pocas semanas había todavía un esfuerzo concertado de Occidente para no armar directamente a Azov, hoy el movimiento parece ser el beneficiario principal del entrenamiento y las municiones occidentales: imágenes tuiteadas por NEXTA, el medio de comunicación bielorruso de oposición, muestran a combatientes de Azov recibiendo entrenamiento en el uso de municiones antitanque británicas NLAW por parte de instructores con sus facciones borradas.

De manera similar, hasta la invasión rusa, los gobiernos y los medios de comunicación occidentales advertían con frecuencia de los riesgos de que neonazis y supremacistas blancos occidentales ganaran experiencia de combate luchando junto con Azov y sus subfracciones aliadas nazis. Pero en el calor del momento, estas inquietudes parecen haberse disipado: una fotografía reciente de voluntarios occidentales recién llegados a Kiev, entre ellos británicos, muestra en segundo plano a Olena Semenyaka, del movimiento Azov, sonriendo con alegría junto al neonazi sueco y ex-francotirador de Azov Mikael Skillt. De hecho, la División Misántropa, una unidad de neonazis occidentales que luchan junto a Azov, está ahora publicando avisos en Telegram para instar a militantes europeos a unirse al flujo de voluntarios y conectarse con ellos en Ucrania «por la victoria y por Valhalla».

Al igual que los de otras milicias ucranianas de extrema derecha, los de Azov son combatientes tenaces, disciplinados y comprometidos, y esta es la razón por la que el débil Estado ucraniano se ha visto obligado a apoyarse en su fuerza en los momentos de mayor necesidad: durante la Revolución de Maidan, durante la guerra contra los separatistas a partir de 2014 y ahora para defenderse de la invasión rusa. En el exterior, ha habido cierta reticencia a hablar con franqueza sobre su rol, sin duda por temor de que al hacerlo se provea de municiones a la propaganda rusa. Sin duda este temor es inapropiado: después de todo, los grupos como Azov solo ganaron notoriedad precisamente a causa de la intervención de Rusia en Ucrania. En lugar de desnazificar el país, la agresión rusa ha contribuido a volver más sólidos el rol y la presencia de fracciones de extrema derecha en el ejército ucraniano, revigorizando a una fuerza política declinante rechazada por la abrumadora mayoría de los ucranianos.

En todo caso, la principal amenaza que representan grupos como Azov no se dirige contra el Estado ruso –después de todo, Rusia está feliz de apoyar a elementos de extrema derecha en su Grupo Wagner de mercenarios y en las repúblicas separatistas– ni contra las naciones occidentales cuyos ciudadanos descontentos pueden sentirse atraídos a combatir junto con ellos. En cambio, son una amenaza para la estabilidad futura del propio Estado ucraniano, como lo vienen advirtiendo hace tiempo Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Si bien hoy pueden ser útiles, en caso de que el gobierno liberal de Ucrania resulte descabezado o evacuado de Kiev, quizá hacia Polonia o Lviv, o lo que es más probable, en caso de que Zelenski se vea forzado por los acontecimientos a firmar un acuerdo de paz cediendo territorio ucraniano, los grupos como Azov pueden encontrar una gran oportunidad para desafiar a lo que quede del Estado y consolidar sus propias bases de poder, aunque sea solo en el nivel local.

En 2019, le pregunté a Semenyaka si Azov seguía considerándose un movimiento revolucionario. Pensándolo con cuidado, respondió: «Estamos preparados para diferentes escenarios. Si Zelenski resulta ser aún peor que [el ex-presidente] Poroshenko, si es un populista del mismo tipo pero sin algunas de sus capacidades, conexiones y antecedentes, entonces claro que los ucranianos estarán en un grave peligro. Y ya hemos desarrollado un plan de lo que se puede hacer, cómo construir estructuras estatales paralelas, cómo personalizar estas estrategias de partida para salvar el Estado ucraniano, si [Zelenski] se convirtiera en un títere del Kremlin, por ejemplo. Porque es bastante posible que eso suceda».

Figuras importantes de Azov han sido explícitas, a lo largo de los años, al afirmar que Ucrania tiene un potencial único como trampolín para la «reconquista» de Europa de manos de los liberales, los homosexuales y los inmigrantes. Si bien sus ambiciones continentales más amplias pueden tener una muy dudosa oportunidad de éxito, una Ucrania quebrada, empobrecida y furiosa en la posguerra, o peor, una Ucrania que sufra años de bombardeos y ocupación, con áreas extensas fuera del control del gobierno central, seguramente sería un terreno fértil para una forma de militancia de extrema derecha no vista en Europa por muchas décadas.

En este momento, Ucrania y Zelenski pueden necesitar las capacidades militares y el celo ideológico de las milicias nacionalistas y de extrema derecha para luchar y vencer en su batalla por la supervivencia nacional. Pero cuando la guerra termine, tanto Zelenski como sus apoyos occidentales deben ser muy cuidadosos en asegurarse de no haber fortalecido a grupos cuyos objetivos están en directo conflicto con las normas liberal-democráticas a las que ambos profesan adherir. Armar y financiar a Azov, Tradición y Orden y Karpatska Sich bien puede ser una de las decisiones difíciles a las que obliga la guerra, pero desarmarlos debe ser con seguridad una prioridad cuando la guerra termine.

Como hemos visto en Siria, nada radicaliza más a una población civil que el despojo, los bombardeos y los ataques masivos. Igual que en Siria, existe sin duda un riesgo de que dar temporalmente poder a sectores extremistas por su utilidad militar, incluso de manera indirecta, pueda tener graves consecuencias no deseadas. Y también en Siria había al principio un fuerte tabú entre los analistas occidentales respecto a hablar sobre el ascenso de milicias extremistas que luego canibalizarían la causa rebelde, por temor a validar la propaganda de Assad que afirmaba que todos los rebeldes eran terroristas: esta reticencia inicial, finalmente, no operó en favor de los rebeldes.

No es hacerle el juego a Putin observar con sinceridad que hay elementos extremistas entre quienes combaten contra él en Ucrania: de hecho, solo controlando hoy cuidadosamente –y quizá restringiendo– sus actividades podremos asegurarnos de que no profundizarán el sufrimiento de Ucrania en los años por venir. Durante mucho tiempo, los comentaristas occidentales liberales se quejaron de que el Estado ucraniano hacía la vista gorda frente a los grupos de extrema derecha; no sirve de nada que sean esos mismos comentaristas quienes ahora hagan lo mismo.

Aris Roussinos, ex-reportero de guerra. Editor de Internacionales en la revista UnHerd.

(Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la revista UnHerd con el título “The Truth about Ukraine’s Far-Right Militias”, 15-3-2022. Puede leerse el original aquí. https://unherd.com/2022/03/the-truth-about-ukraines-nazi-militias/)

Traducido por Silvina Cucchi para Nueva Sociedad

¿Cómo puede Rusia contener a los Estados Unidos en su propio territorio?

Por Katechon

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Rusia puede ayudar a proteger la soberanía de los países latinoamericanos y de ese modo obligar a Washington a no atacarla. La crisis de los misiles del año de 1962 demostró que Estados Unidos no está dispuesto a correr ciertos riesgos que amenacen su seguridad ontológica. El despliegue de misiles nucleares soviéticos en Cuba como respuesta a la presencia de misiles estadounidenses en Turquía obligó a la administración Kennedy a hacer ciertas concesiones. La situación puede repetirse ahora, aunque de forma menos dramática y sin el peso de una guerra nuclear. Como la Casa Blanca no ha aceptado las propuestas del Kremlin de crear un marco de seguridad colectivo, Moscú puede presionar libremente. Ya se han hecho varias declaraciones sobre la necesidad de intensificar nuestra cooperación técnico-militar con varios de nuestros socios cercanos a Estados Unidos como Cuba, Venezuela y Nicaragua, países con los que tenemos tratados de cooperación y seguridad.

La economía

Estados Unidos realiza una gran parte de sus operaciones de importación y exportación a través del Golfo de México. Los puertos de Houston, Nueva Orleans, Mobile y Miami son extremadamente importantes para las cadenas de suministro de mercancías y materias primas que necesita la industria estadounidense, ya que desde allí se cargan y la descargan toda clase de productos; existen un total de veinte puertos marítimos o fluviales alrededor del Golfo de México. Si estos llegaran a ser paralizados debido a una amenaza militar, entonces tanto la costa atlántica como la pacífica serían incapaces de acceder a los suministros que necesita la economía estadounidense para funcionar.

El gobierno de Estados Unidos es muy consciente de esto y por eso uno de los objetivos del embargo y las sanciones estadounidenses contra Cuba es reducir su potencial industrial y militar. Además, Estados Unidos cuenta con una base militar ilegal en Guantánamo que les permite realizar operaciones de inteligencia y vigilancia. Si Rusia ayuda a destruir está base Cuba recuperaría por completo su soberanía territorial. Se puede recurrir a métodos legales (como el bloqueo y la presión diplomático) o la plantación de minas submarinas que impidan el paso de buques estadounidenses.

Ciberguerra

Cuba albergó en Lourdes el centro radioelectrónico de intercepción de datos de los satélites de comunicaciones estadounidenses y los cables de telecomunicaciones de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Este centro fue cerrado hace tiempo, pero hace poco se abrió un centro radioelectrónico ruso GLONASS en Nicaragua. La aparición de esta clase de centros e instalaciones de interceptación de radio o interferencia electrónica en Cuba y Venezuela serían un gran obstáculo para el Comando Sur de EE.UU., especialmente para la Marina.

Una serie de ciberataques lanzados desde estos Estados en contra del territorio estadounidense causarían graves daños. México es un lugar ideal, ya que las actividades de bandas criminales y cárteles la droga mexicanos podrían facilitar los ataques a la infraestructura de EE.UU. Además, las comunidades criminales mexicanas están enemistadas con las agencias de inteligencia de EE.UU.

Instalación de armas supersónicas en las fronteras de Estados Unidos

Una de las principales amenazas para la seguridad de Estados Unidos es la tecnología que tienen sus enemigos, entre las cuales se cuentan los robots, la inteligencia artificial, los ciberataques y los misiles supersónicos. Washington está intentando desarrollar formas de contrarrestar las armas supersónicas de Rusia y de China. Corea del Norte también ha probado sus propias armas supersónicas hace poco (muy probablemente de fabricación china), lo cual sin duda es una grave noticia para Estados Unidos.

El hecho de que armas de esta clase sean instaladas cerca de Estados Unidos causaría que sus sistemas de defensa se volvieran inútiles y obsoletos. Tal plan puede lograrse de varias formas: la primera y más sencilla de todas las formas sería equipar misiles supersónicos a barcos y submarinos que naveguen junto a las costas estadounidenses. Los bombarderos rusos estratégicos que vuelen desde Venezuela o Cuba también podrían ser otra forma de amenaza.

Proliferación de armamento avanzado

Sin embargo, uno de los golpes más duros que recibiría EE.UU. sería que los aliados de Rusia en América Latina recibieran armamento avanzado, especialmente porque una de las prioridades de los Estados Unidos es evitar tal escenario. En caso de que algo como eso sucediera, la Casa Blanca reaccionaria inmediatamente. La venta de S-400 a Turquía se convirtió en un gran escándalo y causó un enfriamiento de las relaciones entre Ankara y Washington. El suministro de armas rusas a los países latinoamericanos puede convertirse en un baldado de agua fría para la Casa Blanca y el Departamento de Estado norteamericano. Aunque Rusia ha suministrado armas a Venezuela, Nicaragua y Cuba, una venta de esta clase de armamento avanzado podría generar cambios significativos. Por supuesto, la venta de estas armas no solo debe tener como objetivo estas naciones del Caribe sino también a países como Argentina.

¿Qué sucedería si esta clase de armamento cayera en manos de países como Cuba, Nicaragua y Venezuela? Sin duda implicaría una importante transferencia de especialistas rusos a muchas de estas zonas. No es necesario que existan bases militares rusas en estos países, fuera de ciertos asesores militares y personal de mantenimiento que hacen parte de esta clase de transferencias militares.

Por último, las maniobras y ejercicios regulares en la región del Caribe podrían servir para que las fuerzas armadas rusas hagan presencia en esta región. También se puede incluir la participación de otras fuerzas a favor de la multipolaridad como los chinos y los iranies en que también están enemistados con Washington.