LA GLOBALIZACIÓN Y EL LIBERALISMO ESTÁN AL BORDE DEL COLAPSO, PERO, ¿QUIÉN Y QUÉ SIGUE?

Por Alexander Dugin

El liberalismo y la globalización han fracasado decisivamente. La situación me recuerda los últimos años de la URSS. En ese momento, el verdadero poder todavía estaba totalmente en manos del Partido Comunista que controlaba casi todo, pero al mismo tiempo todo el sistema estaba terminado. Y uno podía sentirlo.

Hoy nos encontramos exactamente en la misma situación con el dominio global de las élites liberales. Aún controlan todo, pero ya están acabadas. Desaparecerán tan rápidamente como lo hizo el comunismo en Europa del Este. La movilización antipopulista (anti-Putin, anti-Assad, anti-China, anti-Brexit, anti-Irán, anti-Salvini, etc.) de Bernard-Henri Lévy, Macron, Soros, Rothschilds o Clinton muestra que están en un estado de pura agonía. Se acabó para ellos. Ya no pueden gobernar más. Ellos están condenados. Persistirán y pueden ganar algo de tiempo antes del colapso final e irreversible, pero sus días están contados.

Ya no tienen la influencia en el futuro, lo han perdido. El Mesías no vendrá a ese “Estado de Israel” como lo está ahora; Naturei Karta lo entiende muy bien. Es una parodia hecha por el hombre, no un milagro escatológico, es en sí misma una falsa noticia. Así terminará.

Lo mismo con la versión liberal del “Fin de la Historia”. Era una presunción totalmente errónea. Lo mismo ocurre con la ideología de los “derechos humanos”: ya nadie cree en esta hipocresía de doble estándar, la mentira neoimperialista. Lo mismo con el “crecimiento económico infinito” o la “clase media global” o “sociedad civil”. Lo mismo con ‘Post-Modernismo’ y ‘La Ilustración’.

No hay continuidad posible para ello en el futuro. Nos acercamos al momento de una gran discontinuidad.

Eso no significa que el futuro sea ciertamente nuestro, pero la verdad es que no será más suyo. Está abierto una vez más. La censura liberal de mis libros en Amazon, o de los chalecos amarillos, o las prohibiciones de Facebook contra todas las formas de discurso no liberales (las formas no liberales de vida) son los signos de que el final está cerca.

Todos aquellos que están sancionados y prohibidos hoy, todos aquellos que son culpados como países deshonestos o “putinistas”, todos aquellos que están marginados y criminalizados: blancos, populistas, hombres, religiosos, defensores de la justicia social, tradicionalistas, conservadores, etc. muy probablemente sean los primeros en aparecer en el período post-liberal. Pero eso no es seguro y no hay un plan o una estrategia para el futuro. Puede ser una victoria pírrica.

Estamos demasiado comprometidos en la lucha contra el drenaje del pantano global liberal que todavía es enorme y poderoso, y no podemos discernir nada más allá de eso.

Yo propongo: vamos a terminarlo primero y veremos qué hacer después. Pero el mañana ya ha comenzado. Y ellos están ausentes en la era que viene. Así que necesitamos estar mejor preparados para ello. La agonía de la Bestia liberal es peligrosa, pero el futuro también es altamente problemático. Hoy los liberales gobiernan el mundo y asumen todos los riesgos para eso. Ellos fracasan, pierden su legitimidad, van a desaparecer.

Pero… ¿Quién asumirá la verdadera responsabilidad de la humanidad después de ellos? Vemos y estamos más o menos de acuerdo con lo que está mal, pero nuestras ideas sobre cómo salir de este lío son todavía bastante vagas. Aquí de forma mayor no estamos de acuerdo con lo que es bueno. Puede ser un desafío serio. Están acabados y supongo que ya lo saben. Pero la carga de la responsabilidad real por el destino de la humanidad, aunque seguramente no esté en su mejor momento, es enorme.

Cuando se vayan, ¿quién empujará y tomará el poder?

Ahora es el momento adecuado para pensar…

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UN HEARTLAND DISTRIBUIDO

Por Alexander Dugin

Las escuelas clásicas de la geopolítica reconocen un profundo dualismo entre la Civilización de la Tierra (“Heartland”, tierra cordial) y la Civilización del Mar. Como dijo Mackinder, el que controle Europa del Este, controlara el Heartland, y el que controla el Heartland controla el mundo. Esta idea fue desarrollada posteriormente por Spykman en “El que controla el Rimland (las regiones que rodean el Heartland), controlara el Heartland“.

La lucha por gobernar el Heartland – por el poder marítimo desde fuera, o por el Heartland desde dentro – es la fórmula principal de la historia geopolítica. La geopolítica es la batalla por el Heartland.

En el mundo bipolar, el Heartland estuvo representado por el bloque del Este, en primer lugar la URSS, mientras que el poder marítimo por el bloque occidental (EE.UU, Europa occidental, los países leales a Occidente en el Medio Oriente, etc.). Heartland, encabezado, representado por la URSS, perdió esta guerra a finales de los 80s, lo que marcó el comienzo del momento unipolar. Fukuyama proclamó así el fin de la historia; declaró que el poder marítimo había derrotado al Heartland.

Hoy hablamos sobre el mundo multipolar y sobre cómo Rusia, a pesar de sus terribles pérdidas, ha preservado su identidad, ha recobrado sentido y ha apretado ligeramente la Quinta Columna. La dominación unipolar del poder marítimo ha retrocedido un poco. Pero en cualquier caso, es evidente que Fukuyama declaró prematuramente el Fin de la Historia y la victoria global del liberalismo.

Pero aquí surge una contradicción. Si tomamos en consideración solo un Poder Marítimo y un solo Heartland, y sin embargo hablamos de un mundo multipolar, Rusia no puede ser el único Heartland del Mundo. Como mínimo, es uno de los cuatro o cinco de los polos más importantes. Rusia debería ser UNO de los polos del nuevo mundo.

Ya es hora de introducir la noción de un Heartland distribuido. Deberíamos examinar atentamente la geopolítica alemana de los años 20 y 30, que proclamó que Alemania era el Heartland europeo. Lo que nos interesa no es tanto la propia Alemania, sino la posibilidad de considerar un Heartland adicional.

Está el Heartland ruso, eurasiático, pero no puede afirmarse como el Único Poder Terrestre. De la siguiente manera, es necesario mirar atentamente a un Heartland Europeo: por ejemplo, una alianza franco-germánica (París-Berlín-Moscú). Europa continental puede ser vista como una Heartland que debería ser amigable con el Heartland Ruso y ser un fenómeno independiente.

Un Heartland chino es una cuestión completamente diferente. Si reconocemos que China tiene el estatus de Heartland, entonces estamos enfatizando el aspecto conservador de China: China como Poder Terrestre. Pero si China se declara a sí misma como un Heartland contra Rusia, así como la Alemania de Hitler se declaró contra Rusia, Eurasia, surgirá el conflicto de inmediato. Pero en el caso de un Heartland distribuido, este adquiere un significado completamente diferente.

Entonces es posible considerar tales Heartlands como un Heartland de Rusia, un Heartland de Europa, un Heartland de China y un Heartland Islámico (al menos 3-4 imperios desde Turquía hasta Pakistán). El concepto de un Heartland distribuido puede expandirse a la India y proyectarse en América Latina y África también.

De la siguiente manera, debería haber un Heartland Americano en el sistema multipolar, que no debería verse como una oposición a otros Heartlands. Si consideramos el Heartland es un tipo de cultura distribuida asociada con el refuerzo de la identidad conservadora, entonces la tesis “Haz que América sea grande de nuevo” es la de un Heartland estadounidense. Deja de ser un Poder Marítimo, y serás grande otra vez.

Un Heartland distribuido es el imperativo del nuevo modelo geopolítico, de la geopolítica multipolar.

Traducción: Juan Martin González Cabañas

Reseña del libro Tender un Puente (1) del padre James Martin:

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Reseña del libro Tender Un Puente del padre James Martin

Por Juan Gabriel Caro Rivera

El libro del padre James Martin, como él mismo lo admite, es un intento de construir un puente entre los católicos LGBTI y la estructura eclesiástica, puente que considera roto por una serie de prejuicios sostenidos por ambas partes. En su introducción, el padre Martin agradece a todos aquellos que hicieron posible la publicación de su libro, incluyendo al superior de la orden jesuita de su provincia, el P. Cecero al que agradece “también su aprobación eclesiástica para la publicación del libro” (pág. 12) y el hecho de haber pasado el Censor Librorum. En el libro, el padre Martin clarifica que no encuentra sentido en discutir ciertos temas, como el de las relaciones entre las personas del mismo sexo o el matrimonio homosexual, porque considera que están en “un terreno en el que ambas partes están, simplemente, excesivamente distanciadas” (pág. 16). Así que su libro aparentemente versa únicamente sobre el deseo de acercar a los creyentes de la comunidad LGBTI a la religión institucional con el propósito de sanar sus heridas y contribuir a un diálogo constructivo. La Iglesia, según el padre Martin, se encontraría lesionada y necesitaría un remedio nuevo para poder alcanzar su unidad verdadera. En lugar de afirmar, como hace el Catecismo citando a Orígenes, que “donde hay pecados, allí hay desunión, cismas, herejías, discusiones. Pero donde hay virtud, allí hay unión” (Catecismo de la Iglesia Católica, N.817), el padre Martin culpa más bien a la intolerancia y desconocimiento de la jerarquía eclesiástica de semejante problema. Sigue leyendo

La realeza de Cristo y de la Virgen:

Por Juan Gabriel Caro Rivera

El tema que voy a tratar aquí es tal vez uno de los más olvidados y vilipendiados por las corrientes modernistas y neomodernistas dentro de la Iglesia: el problema de la realeza de Cristo y de sus Santos Padres. Aunque no lo parezca, este tema es necesario para refutar la infundada aparente contradicción entre cristianismo y comunismo populista o peor aún entre Iglesia Católica y socialismo cristiano revolucionario. En este sentido, debido a las teorías neopaganas y comunistas que han pretendido ver en el cristianismo un antecedente de las doctrinas socialistas, hoy día es muy común olvidar los múltiples indicios que, tanto en la Sagrada Tradición como en las Sagradas Escrituras (no puede interpretarse la Biblia omitiendo por ejemplo la tradición patrística), nos hablan de la realeza aristocrática de Jesús. Ver a Cristo como un pobre o un mendigo, se ha convertido en un cliché, pero la representación tradicional de la Iglesia lo ha mostrado como un rey. Uno de los ejemplos clásicos es el que da las Sagradas Escrituras en el Evangelio según San Mateo: este evangelio comienza con una genealogía de la casa de Jesús, la cual se remonta hasta Abraham y posteriormente a David, siendo San José, padre de Jesús, un descendiente directo de la casa de David (San Mateo 1, 1-16). Y vale la pena anotar también que tanto Abraham como David pertenecían a la aristocracia de sus pueblos. De Abraham, el Génesis nos dice que era “muy rico en rebaños, en plata y oro” (Génesis, 13, 2) y cuya riqueza era tanta que su primo Lot tuvo que marcharse para que sus pastores no lucharan con los pastores de Abraham por los recursos. No solo eso, la mayor parte de los grandes profetas de Israel provienen del estamento aristocrático y sacral. Moisés (criado como un príncipe egipcio), David (hijo de un gran terrateniente), y San Juan Bautista (hijo de uno de los grandes sacerdotes del Templo) eran príncipes de Israel. Y no olvidemos además que Cristo mismo es un príncipe de la casa de David, igual que su padre San José (1).

Además de San José, la Virgen María también pertenecía a un estamento real y pudiente. Como nos relata el evangelio apócrifo de Santiago (evangelio por el cual conocemos la mayor parte de las tradiciones marianas), San Joaquín y Santa Ana no sólo pertenecían a la clase rica de Israel, sino que estaban emparentados con la casa de David. San Joaquín, padre de la Virgen María, era conocido por su generosidad. El misal romano del padre Dom Gaspar Lefebvre, aprobado por San Pío X, dice en la entrada que celebra la fiesta de los padres de la Virgen, que “según una piadosa tradición, dividía sus bienes en tres partes: la primera para el Templo y sus ministros, y la otra para los pobres, viudas y huérfanos, reservando solo la tercera para sí y los suyos”. La Virgen y San José, después de casarse, renunciaron a sus riquezas materiales y se unieron a los esenios. Muchos de los familiares de Jesús poseían también grandes riquezas y tenían mucho peso en la sociedad judía: Lázaro y sus hermanas, que eran primos de Jesús, poseían grandes fortunas, y era en sus mansiones donde Cristo descansaba después de sus prédicas, buscando refugio de la hostilidad de los escribas y fariseos y de los judíos que lo perseguían. No obstante, Cristo, como San Juan Bautista, predica a los publicanos y a las prostitutas. Los publicanos, que eran los cobradores de impuesto del Imperio romano, se convirtieron en discípulos admirables de la fe en Cristo. San Mateo, que era publicano, abandonó todo para seguir a Jesús, y lo mismo hizo Zaqueo, que era conocido por robar a la gente. Después de ver al Señor, uso sus riquezas para reparar los daños provocados por sus pecados: “Señor, he aquí que doy a los pobres la mitad de mis bienes; y si en algo he perjudicado a alguno le devuelvo el cuádruple” (San Lucas, 19, 8). Lo que Cristo condena no es la riqueza, sino su mal uso, uso opuesto a Dios y al servicio de Mammón. Cuando el hombre no es dueño del dinero, sino que el dinero lo domina. Al respecto, dice el padre Julio Meinvielle:

“… porque en lugar de poner la economía al servicio de la vida corporal del hombre, para que así pueda éste alcanzar la integridad de su vida intelectual y espiritual y ponerse al servicio de Dios, Señor único que merece plena adhesión, la concepción económica moderna absorbe todas las energías espirituales y materiales del hombre y las coloca a merced del gigantesco edificio económico, alrededor del cual todo el mundo —desde el último desocupado hasta el poderoso financista— está obligado a postrarse en religiosa danza. Inversión de los mismos valores económicos: porque en lugar de emplear el dinero como un puro medio de cambio que facilite la distribución y difusión de las riquezas naturales, se hace de él precisamente lo opuesto, es decir un fin último, con una poderosa fuerza de atracción que concentra en pocas manos más dinero, y con él las mismas riquezas naturales. De tal suerte está armada la economía capitalista, que todo concurre a la multiplicación del oro: las riquezas y el crédito sirven para multiplicar el oro; si se comercia es para multiplicar el oro; si se produce es para comerciar y con ello multiplicar el oro; si se consume es para producir más y con ello comerciar más y poder multiplicar más el oro. De modo que la vida es una danza perpetua alrededor del oro, al cual, para colmo de la paradoja, nadie ve porque duerme en las cavernas misteriosas de los grandes bancos. De modo que el consumo, que debía de ser el fin próximo regulador de todo el proceso económico, viene a estar, en último término, supeditado a la producción, al comercio y a la finanza; y, en cambio, la finanza, que debía ocupar el último lugar como un puro medio, obtiene el primero de fin regulador. (…) Esta inversión total de la jerarquía de la producción, esta absorción que el mercado y la industria hacen de la tierra y su producción producen un trastorno radical del mismo campo. Es necesario persuadirse que el problema del campo no tiene solución en una economía capitalista, en una economía que esté impulsada por la avaricia como por propio fin. Error nefasto de todos los que viendo la angustia de la propiedad y de la explotación agrícola quieren ponerle remedio apelando a una equitativa distribución de tierras o a una solidaria cooperación, sin enderezar antes el torcido o invertido orden de la vida económica. (…) Piensen los glorificadores de la economía capitalista que todos sus ditirambos al Progreso, a la Industria, a la Urbe, se deshacen como globos de jabón, cuando al pie de estos colosos, levantados con el sudor del pobre, se contempla la miseria espiritual y material del proletariado famélico y la ruina e incertidumbres del arrendatario en los campos. Si cierto pretendido progreso ha de servir para esclavizar al hombre, suministrándole goces que no necesita y privándole del pan espiritual y material que sustenta, húndase en buena hora el Progreso. Como quizás algún ingenuo socialista imagine que el ideal sería levantar al proletariado y sentarle en el festín del paraíso burgués, es bueno recordarle que no delire. Porque el paraíso estomacal del burgués se ha levantado precisamente porque es burgués, es decir: porque estaba en vigor una concepción económica que favorecía el enriquecimiento individual.” (2)

Junto a todo lo anterior, existe un último punto que debemos señalar: Cristo, como príncipe de Israel, muere como rey. A pesar de que su martirio es una parodia de la coronación, Cristo usa en sus últimos momentos todos los símbolos del poder (la túnica purpura, la corona de espina, el cetro), de la gloria coronada por la resurrección y el martirio. San Pablo, quien rastrea la realeza de Cristo, encuentra su sacerdocio no heredado de Moisés y Aarón, sino de Melquisedec. El rey sin genealogía ni patria terrena, a quien Abraham reverencio y con quien celebró el rito del pan y el vino: según los Santos Padres, Melquisedec es el mismo Cristo. A todo esto, vale la pena señalar que, ante la impiedad del mundo moderno, los Cristeros y los Carlistas gritaron al son de las balas “Viva Cristo Rey”. Es a Cristo Rey, señor de la creación y del hombre, y no al falso “cristo obrero” y panteísta de los comunistas y los teólogos de la liberación (palabra que cambian por la tradicional “redención”), al que celebran con vítores y campanas los católicos verdaderos. Es el Ecce Homo de la Tradición, el Cristo ensangrentado del Barroco, el verdadero nombre de Dios, aquel que sufre en la Cruz y que proclama en el Pater Noster el adveniat regnum tuum, venga a nosotros tu reino y no la república democrática basada en el reino de la opinión. El Cristo verdadero, cuya luz despeja a las tinieblas del materialismo inmanente y horizontal de todas las ideologías modernas, el Dios centelleante cuyo cuerpo resplandeciente sanará a los pobres y a los enfermos, dará vida a los desvalidos y proclamará el Reino del Fin, la abolición del tiempo y el espacio y el ascenso a la Eternidad.

Notas:

  1. René Guénon, El Cristo Sacerdote y Rey, https://traslashuellasenelsendero.blogspot.com/2014/04/el-cristo-sacerdotey-rey-rene-guenon.html
  2. Julio Meinvielle, Concepción católica de la economía, Cursos de Cultura Catolica, Buenos Aires, 1936, pp. 42-52

Dugin en Shanghai: China en las Relaciones Internacionales – Cuarta Conferencia (Final)

Traducimos la última conferencia del Profesor Alexander Dugin en Shanghai, China.

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China en las Relaciones Internacionales: geopolítica, globalización y hegemonía

La conferencia de hoy estará dedicada a la identidad China en los diferentes campos de la ciencia. En la primera conferencia expliqué la estructura principal de la ciencia de las relaciones internacionales, sus conceptos principales, teorías, escuelas y debates. En la segunda conferencia expliqué que era la geopolítica. Hemos explorado la perspectiva geopolítica del Poder del Mar vs el Poder de la Tierra. En la tercera conferencia expliqué la multipolaridad y la teoría multipolar, en la cual insistimos que deben haber más de 4 polos o al menos 4 polos – los Estados Unidos, China, Rusia y Europa – y no un solo polo, el Occidente. Hoy, intentaré poner a China en todos estos campos de investigación para comprender mejor qué es China en estos tres contextos. Sigue leyendo

Dugin en Shanghai:  Multipolaridad, Unipolaridad y Hegemonía – Tercera Conferencia

Publicamos aquí la tercera conferencia del profesor Alexander Dugin en China. Como de costumbre la traducción se hizo sobre la base de los videos publicados.

Multipolaridad, Unipolaridad y Hegemonía: teorías y conceptos

Por Alexander Dugin

Tercera Conferencia impartida en el Instituto Chino de la Universidad Fudan, Shanghai,China, diciembre 2018

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En la conferencia de hoy vamos a exponer muchos conceptos. El contenido de esta conferencia será muy complicado. Voy a presentar una aproximación nueva a las Relaciones Internacionales. La primera conferencia versó sobre las teorías clásicas y postpositivistas de las Relaciones Internacionales, y en la segunda conferencia expusé los principios básicos de la geopolítica. Ahora voy a tomar y usar los conceptos tanto de las Relaciones Internacionales como de la Geopolítica para explicar qué son la unipolaridad, la multipolaridad y la hegemonía. Sigue leyendo

Dugin en Shanghai : Relaciones Internacionales y geopolítica – Segunda Conferencia

Publicamos la segunda traducción de las conferencias magistrales del profesor Alexander Dugin en Shanghai. Esta vez abordando los temas de la geopolítica y el eurasianismo.

Geopolítica: teorías, conceptos, escuelas y debates.

Por Alexander Dugin

Segunda conferencia leída en el Instituto Chino de la Universidad de Fudan, Shanghai, China, diciembre del 2018.

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La geopolítica es una rama del análisis estratégico. Existen algunos vínculos entre las teorías de las Relaciones Internacionales y las teorías geopolíticas, pero la geopolítica es un campo absolutamente original e independiente del pensamiento estratégico y de análisis. En esta conferencia vamos a centrarnos en los paradigmas, conceptos, escuelas y principales debates de la geopolítica. Sigue leyendo